lunes, 29 de octubre de 2012

¿Hablar o ulular?

 OPINIÓN/ DIARIO CÓRDOBA
iI. Agüera 30/10/2012


¡Cuánta belleza en la sencillez!

Así como es un don de los hombres --dice Molière-- de gran talento decir muchas cosas en pocas palabras, es por desgracia en los sujetos de pocos alcances hablar mucho para no decir nada. ¡Bueno, pues por ahí andamos!
Y resulta que leía anoche un poema que decía: Se oía el ulular del viento- Y, eso, que pensando, me dio por conjugar dicho verbo: Yo ululo, tú ululas, él ulula- ¡Si resulta que ululamos todos!
Siguiendo con las frases dice Tales: Cuida tus palabras; que ellas no levanten un muro entre ti y los que contigo viven. A lo que iba: No son muros los que levantamos hoy día en la comunicación, sino murallones con un hablar y hasta escribir chungo, cargado de ausencias de contenido en un derroche de palabrería que aburre al más santo.
No aprendimos, o se nos olvidó, el arte de hablar o escribir con pocas, sencillas y sentidas palabras sino que ululamos como si quisiéramos rellenar espacios y responsabilidades que nos pesan y que nos hacen caer en una inercia creativa, repetitiva y plagiada, muchas veces, con lo cual creemos cumplir el expediente y no decir nada o en cualquier caso tratando de gritar más que el oponente para así dar más impulso a nuestro absurdo discurso.
¡Que perdida anda la señora oratoria! La elocuencia, el arte de hablar debió quedarse allá, en la historia de la lejana Grecia o tal vez se lo tragó Caliope, porque una aguja en un pajar resulta encontrar conversaciones, conferencias, escritos que con pocas palabras nos digan todo lo que deseamos saber o conocer.
Comprimir sin omitir, comunicar sin recurrir a tecnicismos y cultismos es más que complejo. De ahí que todos practiquemos, en más o en menos, el arte de ulular en lugar del arte de hablar o el de escribir obras sin base de párrafos de aquí y de allá que marean al lector sin saber qué es el grano y qué la paja. (¡Es la moda, niña! ¿Acaso no lo sabes?)



* Maestra y escritora





martes, 9 de octubre de 2012

Reyes y mamás

EDUCACIÓN/DIARIO CÓRDOBA
ISABEL AG ÜERA 10/10/2012




Cierto día, y por sugerencia mía, los alumnos se dibujaban a sí mismos. Un pequeño se dibujó rodeado por un círculo. ¿Qué significa este círculo? --le pregunté--. Eso no es un círculo --me contestó-- ¿No ves que es una corona? Otro alumno se dibujó en lo alto de un pódium: ¿No ves que soy un campeón? --exclamó--. Una pequeña se dibujó con una muñeca entre los brazos. Es que soy una mamá --me dijo--.
Sinceramente, algo se reveló en mí. Largos años ya tratando de educar en igualdad y aquellas confesiones de los pequeños evidenciaban los pocos logros alcanzados, pero, ¿dónde radicaba el fallo? Mi reflexión pronto tuvo respuesta: una madre, que esperaba a la salida a su hijo e hija, exclamó dirigiéndose a ellos: ¿Dónde está mi rey? ¿Y mi niña?
Ni mucho menos voy a responsabilizar solo a la familia. Creo que somos todos los que seguimos, de una manera o de otra, discriminando por razones de sexo, si bien a veces son pequeñas cosas que nos pueden pasar desapercibidas, pero que socialmente nos impulsan en determinadas direcciones.
¿No es verdad que nos resistiríamos a que nuestras hijas asistieran a entrenar fútbol, y no a clase de ballet, pongo por caso? ¿No es cierto que muchos maestros y maestras, inconscientemente digamos, asumimos que los varones son más desordenados, más de dar patadas, más de peores comportamientos, etc.?
Muchas veces he repetido que jamás, en nada, pero sobre todo en educación, existen leyes generales, porque jamás un alumno/a más otro van a sumar dos, luego ni todos los varones son de patadas ni todas las niñas de muñecas y tiernas palabras.
De ahí que, primando siempre la individualización, nuestra mente y nuestros comportamientos deben asumir que no está todo en el lenguaje: o/a, sino en dar prioridad a la igualdad de gustos, oportunidades y, por descontado, de educación.