sábado, 22 de diciembre de 2012

Felicitación

Un mundo mejor para todos, pero en especial para nuestros niños y niñas, es lo que deseo y, desde esata pequeñisima porción que me corresponde, alargo mis brazos  para que llegue a todos  mi gran abrazo.

martes, 18 de diciembre de 2012

De grandes y pequeños

EDUCACIÓN/ DIARIO CÓRDOBA
 19/12/2012

EL SOL SALE Y SE PONE POR IGUAL
PARA GRANDES Y PEQUEÑOS
En una ocasión llevé una pequeña pecera al aula. Se trataba de un curso de tercer nivel. Por turnos, se encargaban de ella grupos de tres o cuatro alumnos. Un día, una pequeña alarmada exclamó: ¡maestra, uno de los peces chicos no está! ¿Qué le habrá pasado?
Sin darle mayor importancia contesté: se lo habrá comido uno de los grandes.
Se quedó unos instantes pensativa. Después preguntó: si el pez grande se come al pez chico, el último de la fila, ¿a quién se come? A la ligera improvisé una contestación: Pues, los chicos se comerán unos a otros. ¡Ah! -exclamó de nuevo-. Y añadió: ¿Y por qué los grandes no se comen también a los grandes? Comerse a los chicos es de cobardes. ¡Los pobres chicos estarán siempre asustados!
La verdad es que en aquel momento me quedé en silencio pensando en darle mejor respuesta, pero me repetía una y otra vez: los niños no saben razones de "grandes" ni de "chicos", pero, eso sí, saben mucho de justicia.
Y esto no es un cuento inventado al hilo de la actualidad.
En mi obra Bolitas de Anís , editada por Descleé hace años, cuento esta y otras muchas anécdotas vividas y reflexionadas en la que los alumnos han resultado ser maestros de grandes y razonables verdades, muchas de las cuales a los adultos nos pueden resultar complejas.
¿Por qué el pez grande no deja en paz al chico? Pregunta que a lo largo de estos años ha sido una constante que me he repetido en cientos de ocasiones. Y es que se da la paradoja, a veces, de repetir la historia de mi pecera a todos los niveles.
Nunca, pero menos hoy, la distancia entre mayores y pequeños puede ser tal que anulemos con nuestros convencimientos, con nuestras verdades, las opiniones de los más pequeños, de los alumnos, en este caso, que pasaron de ser receptivos y silenciosos a desafiantes "pececillos", capaces de "devorarnos", si nos descuidamos. Sería lo justo.







lunes, 10 de diciembre de 2012

Andares del cangrejo

OPINÓN/ DIARIO CÓRDOBA
ISABEL Agüera 11/12/2012


¡Que no, que no, que los cangrejos no andan hacia atrás! De toda la vida el popular dicho, "ir para atrás como el cangrejo" hacía alusión al retroceso de personas o circunstancias que nos remitían a un pasado muerto y enterrado hacía tiempo.
Pero el dicho no es para nada exacto: los cangrejos no caminan hacia atrás. Caminan, eso sí, de lado. Y puestos a una reflexiva lección de cangrejos, concluyamos que esa es la manera en que tienen curvadas las patas y así pueden esconderse en pequeños agujeros para librarse de afilados y posibles dientes. O sea que no retroceden porque si así fuera, ¡batacazos que se darían! Y para muestra demos tres pasos, dos o uno caminando hacia atrás y ¡ya veremos!
¿Que vamos camino de volver a la educación de los cincuenta? ¿Qué nos vamos a quedar sin nuestros hospitales? ¿Que vamos a tener que volver a comer pan de maíz y arroz de trigo? ¡Qué va, qué va! Esa historia pertenece a un pasado tan enterrado que ni los más nostálgicos podrían resucitar. Caminamos, eso sí, algo sesgados porque el déficit, la prima, el PBI, la crisis... -¡madre mía qué de palabrejas nos asaltan!- ahí están, creando desánimo, depresión, ansiedad, miedo, despidos, amenazas que nada más abrir los ojos nos incitan a volver a cerrarlos y dormir, lejos de estos espectaculares y demoledores escenarios.
Y digo yo: ¿No será que nos curvamos para defendernos? ¿O tal vez hemos perdido la ilusión y esperanza, y sí que nos hemos descarriado bien?, porque, como dice el poeta: No se mantiene absolutamente nada sino por la infanta Esperanza, porque por ella todo siempre empieza de nuevo...
¿Empezar de nuevo? ¿Partir de cero? ¡Si hace siglos que izamos el RIP a la miseria! ¡Si ya tenemos  hecho mucho camino! ¡Menuda tarea a nuestras espaldas!
 No, mejor enderezar la nave y que el progreso se mueva, se promocione.  porque quedarse parados, de toda la vida se ha dicho, es ir para atrás. Y, ¡uf,  más que batacazo sería!
¡Lo que puede dar  de sí un cangrejo!









martes, 4 de diciembre de 2012

¡TÚ ´SÍ QUE VALES!

EDUCACIÓN/DIARIO CÓRDOBA
 05/12/2012


En un quinto curso de la pasada EGB, me llegó un alumno tan desmotivado que no encontraba estrategias, por más que lo intentaba, para lograr, al menos, un mínimo de interés por algo.

Un día, en hora de plásticas, dibujó un barco. ¡Vaya! -exclamé-. ¡Qué bien, qué bien está; te voy a poner un diez, y como sigas así, que tú puedes, vas a aprobar todo! La felicidad le salía a flor de piel y por los cinco sentidos. Mirándome y mirando el dibujo, exclamó: ¡Mi madre no se lo va a creer! El otro maestro me suspendía siempre. Decía que yo era vago, desobediente y que no servía ni para poner la mesa.

Pasaron días y, tras la euforia del diez, volvió a un perezoso total para todo. Decididamente, tenía que hablar con la madre.
A la hora de visita se presentó con el niño de la mano. Antes de que me diera tiempo a pronunciar una palabra, exclamó: Que dice mi Paco que me quiere felicitar por el diez que le puso. ¡Ya era hora de que me llevara una buena nota!

¡Bueno, bueno! ¡Ni me acordaba del diez! Así que, sin más, tuve que remitirme a él: Pues sí, es bueno y trabajador pero tiene que mejorar porque puede y lo demostró con el dibujo, etc. Y aprobó el curso y sé que hizo una buena carrera.

Es muy frecuente que, al tratar de corregir, calificar o evaluar alumnos, usemos la técnica que denomina Thomas Gordon "mensajes del tú", -eres un desastre, no vales, etc.- porque lo único que se logra con estos mensajes es afianzar la imagen negativa que de sí mismo tiene el alumno.

Por el contrario, estimularía, provocaría el diálogo, si dijese: Esto lo puedes superar; tú eres bueno y lo demostrarás con un poco de esfuerzo, etc., -mensajes del yo-.
El ejemplo fue lo que sucedió con mi alumno Paco, al que valoré, aún sin conocer entonces esta teoría.

¡Como nos crecemos todos cuando alguien nos dice qué bueno eres en esto o en lo otro y qué bien lo haces! ¡Tantos y tantos alumnos/as salvados tan solo con decirles. al menos una vez, tú sí que vales!