martes, 24 de septiembre de 2013

recibiendo al otoño



YA  estamos en el Otoño.
Doblan de nuevo las campanas.
Empieza el mes de Ánimas.
Llega un año más el día de los Difuntos...

Y trenes que pasan,
hojas que caen,
papeles que vuelan,
 pájaros que emigran,
y tormentas, chaparrones,
 recuerdos, nostalgia...

Música, sí, regazo  de agua clara
latidos cálidos que se escapan
                                               de la lira que es mi alma.

Y en este mi solitario bosque de felicidad
un puñado de diáfanos paisajes
nevada colmena que late por las celdillas...
                                               mieles de mi corazón
que se avientan y  tornan ecos
que se funden con el negro...
                                               negrísimo yermo.
Estamos en el Otoño...
En mis ojos, una lágrima...
En mis labios, una palabra...
                                               sólo una:  Amor

lunes, 23 de septiembre de 2013

VAIVÉN DE LIBROS D ETEXTO



DIARIO CÓRDOBA/ OPINIÓN
24/9/2013
ISABEL AGÜERA

 El tener la memoria histórica en pleno funcionamiento no deja de ser un privilegio que a Dios gracias. Y estos días como que me daba las horas y hasta los cuartos, recordando aquellas ropas de la posguerra que pasaban de una familia a otra y de unos hijos a otros, tras una y otra vez, vuelta al derecho, vuelta al revés. Y estrenos van y estrenos vienen, pero, ¡claro!, con aquel, también histórico, estado del bienestar, aquello quedó para cuentos de cenicientas, pulgarcitos y nostálgicas memorias. 
Pero, lo dicho: hoy doña memoria me ha remitido a aquellas viejas, pobres y olvidadas historias. Y todo a cuenta de los libros de texto de uso en nuestras escuelas. Que está bien, claro que sí, que sirvan de un año para otro, y que los centros los repartan gratuitamente y esas cosas, pero, ¿qué durante cinco años sirvan a distintas promociones de alumnos? 
Los niños, por cuidadosos y responsables que sean, los traen, los llevan, los abren, los cierran, subrayan, toman notas, etc. Son libros que perdieron el gratificante olor de sus páginas, y el colorido de sus ilustraciones, y la tersura de sus hojas, libros ajados, arrugados, viejos, en definitiva. Libros, que para nada, y ya era poco de nuevos, motivan. 
Y digo yo: ¿No tendríamos, de igual manera de cara a economizar y empezando, sí por los padres de la patria, y por los más pudientes, como antaño, por un traspase de costosos trajes, carteras, coches, ordenadores...? Eso es: cinco años, le toque a quién le toque con herencias renovadas. ¡Ay, ay, qué cosas! ¡Que los más débiles, nuestros niños, no tengan la satisfacción de hojear, oler, sobar libros nuevos o seminuevos! 
¿No sería mejor, al menos, tachar para siempre los dichosos cuadernillos, que son una pasta, y que por narices hay que estrenar y pagar todos los cursos? 
Si a los seis años, los niños no quieren ni ver un libro, ¿qué podemos esperar del mañana lector?

martes, 17 de septiembre de 2013

Primeros días

                    
               
                       Ilusionad y motivad antes que enseñar

EDUCACIÓN/DIARIO CÓRDOBA
18/9/2013
Hace años, el primer día de clase, un pequeño lloraba sin consuelo. Lo cogí en brazos y traté de tranquilizarlo. Cuando me di cuenta se había quedado dormido. Como pude lo sostuve en medio de la algarabía propia de un primer día. En unos minutos abrió los ojos y exclamó: ¡Me voy a jugar, mamá! 
Nunca he podido olvidar aquellas bellas palabras dichas tal vez por casualidad, pero mi reflexión la creo válida para estos primeros días de curso. 
Al entrar, dijo el maestro: No vengo a enseñar, sino a cultivar; no vengo a imponer, sino a compartir; no vengo a vigilar, sino a acompañar -B. Cano-. Y es justo lo que yo creo deben ser los grandes y primeros objetivos del maestro. Y hoy, como hermana mayor, me permito opinar. 
Estos días, queridos maestros, volvéis a ser protagonistas para cientos, miles de alumnos que volverán a las aulas con las mochilas repletas de expectativas, como mínimo, para comenzar o continuar una andadura maravillosa como es la de aprender. 
Y en el umbral de este estrenado día, mirad más a sus ojos que a sus costosos libros. Proponeos ser guías que vayáis despejando de malas hierbas el difícil camino del aprendizaje, causa, tal vez, que les impida ver el horizonte quedando perdidos en la oscuridad de un mundo empeñado en dar por finiquitados los amaneceres. 
Nuevo curso, nuevos o viejos alumnos. Que lo importante sea conocer sus caras, sus nombres, vidas, antes, mucho antes, que su número. Importante esa primera sonrisa que todos esperan, y esas primeras palabras de acogida que no defrauden la carga de sueños que llevan sobre sus espaldas. Importante humanizar antes que tecnificar, ilusionar, antes que enseñar, individualizar, antes que generalizar. 
Valoradlos sin vara de medir, amadlos y así "despertarán" con esa  palabra   maravillosa en los labios que les hará sentirse en casa: "mamá".

lunes, 9 de septiembre de 2013

Abrazos y besos


DIARIO CÓRDOBA / OPINIÓN 

ISABEL Agüera 10/09/2013

Recuerdo aquellos años de la posguerra, cuando el saber leer y escribir era privilegio de pocos. No sé qué años tenía cuando mis precoces inquietudes me llevaron a los libros pero puedo verme, una mocosa, con prisas por pasar de un Camarada a otro, con prisas por hojear enciclopedias y diccionarios. Así, pronto mal escribí mis primeros cuentos y poemillas, pero, sobre todo, me responsabilicé de escribirle cartas a una chica de servicio de casa cuyo novio andaba por la mili. 
Ella me dictaba repetidas y populares frases de amor, pero el final se lo reservaba: muchas cruces y ceros, jeroglífico cuyo significado yo ignoraba, pero ni un ápice de la hoja quedaba en blanco. Un día me dijo: son besos y abrazos que le mando porque lo quiero mucho. 
Un mundo nace cuando dos se besan. Esta frase de O. Paz cada día me resulta más real, porque voy comprobando cómo todos necesitamos que alguien nos mande un cero o una cruz con toda la sinceridad y cariño que los seres humanos somos capaces de dar, ya que, a veces, nos sentimos tan solos, tan deprimidos que nos parece gritar, sin respuesta, en un desierto de astros sordos y mudos. 
Y es cierto que el mundo nacería o cambiaría si no solo con los labios sino también con una mirada, palabra, con una sonrisa hiciéramos sentir al otro que no está tan solo, que al menos una voz se alza en el inhóspito habitáculo en que hemos convertido la tierra con aquellas lindas palabras que hoy hago mías y dedico a gente conocida y desconocida, real o virtual, triste o alegre, gente que retorna, que se va o que no se ha movido pero que sé están y tienen voz y sienten y aman y desean y esperan: 
¡Eh! --les grito-- ¡Que estoy aquí!. Yo os mando besos y abrazos, desde nuestra tal vez lejana y desconocida cara pero de necesidades, deseos, de alma --lo sé-- idéntica a la mía. No, no veo enemigos; tan solo seres humanos de mi misma talla y con idénticas necesidades.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Breve relato: La caracola


¡Hola, amigo!-exclamo para mí- ¿Dónde estás?  Te busqué, te esperé...Te quiero. 
¿Acaso te escondiste para siempre en la caracola? 
Sí; tal vez sucedió eso. 
Puede que...  más bien fuera un ángel o un duende de los mares. 
Sí, tú vives conmigo en el ardiente caracol de mi corazón.

Aquel año, en vísperas de vacaciones, mi padre exclamó un buen día:¡Este años nos vamos de camping!  El camping era como un pueblo de casas de tela y colorines en medio de un jardín, y el mar estaba tan cerca de nuestra tienda que las olas grandes casi la rozaban. Mientras mis padres instalaban todo, yo corrí a la playa.  Nada más llegar, del otro lado de las rocas grandes que delimitaban la playa del camping, apareció un pequeño: pelo rubio, rizado,  ojos azules,  piel negra y una caracola en la mano. Si quieres te la presto; dentro se oye el mar -me dijo, al tiempo que la colocaba sobre mi oreja derecha-. Mi padre es pescador y me trae muchas. Si quieres, te regalo ésta. Yo también voy con él a pescar algunas noches y encontramos bancos de peces que, con la luz de los focos, parecen de plata. ¡Sí, sí que la quiero! -exclamé- ¡A lo mejor, un día yo también voy a pescar en un barco!
Pasaron los días. No volví a ver al amigo de la caracola,  aunque cada mañana y tarde  de aquellas vacaciones, salía con ilusión de encontrarlo en aquella playa de rocas y olas cristalinas. Pero mi amigo no volvió. No pude conocer su nombre ni apenas su voz.  Sólo, eso sí, aquellos ojos de aguas marinas y aquella piel de soles e intemperies.
Han pasado muchos, ¡muchos años! La caracola sigue, como el primer día, durmiendo debajo de mi almohada. Y, cada noche, antes de entregarme al sueño, me la pongo en la oreja derecha, y sueño con mi amigo, el pequeño pescador, y lo veo embarcado en medio de la mar negra, ¡navega que te navega!, y lo veo aupado en un caballito de mar, galopando en busca de estrellas, calamares, sirenas... Y su voz también la oigo como si me llamara desde la lejanía azul. En mi caracola sigue vivo el mar de aquel pequeño rubio de ojos azules, y sigue vivo el sonido de las olas en la playa, y el olor del pescado, de las algas y de las redes...
Y, desde aquel año de camping, desde aquella experiencia de olas que arrullaban mis sueños y salpicaban de gotitas mi almohada, cada noche miro al cielo y formulo mi deseo: ser pescador para dormir en la playa, debajo de las barcas, entre redes y restos de pescados secos,  como vivía mi amigo de un día, que me dejó prendido en el mar para siempre. ¡Hola, amigo!-exclamo para mí- ¿Dónde estás?  Te busqué, te esperé...Te quiero. ¿Acaso te escondiste para siempre en la caracola? Sí; tal vez sucedió eso. Puede que...  más bien fuera un ángel o un duende de los mares. Sí, tú vives conmigo en el ardiente caracol de mi corazón.