lunes, 4 de abril de 2016

Miedo, pánico...

DIARIO CÓRDOBA / OPINIÓN
Martes 5 de abril de 2016
Una vez más tengo que contar una anécdota vivida en primera persona y que nos lleva a reflexionar cómo una especie de pánico ambiental cunde por nuestra sociedad.
Muy temprano. En mi cafetería habitual entra un hombre desconocido: gorra hasta los ojos, barba, de poca estatura y dos mochilas al hombro más grandes, mucho más que él. Directamente entra a los servicios. La respiración se nos entrecorta a los madrugadores cafeteros que sin mediar palabras nos miramos como diciendo: ¡el bombazo!. El silencio parece un mal presagio que se acentúa a medida que pasan los minutos y el susodicho personaje no sale. Mi particular imaginación me lleva a verlo instalando el artilugio, y me dan ganas de salir corriendo.
Las miradas de unos y otros se tornan interrogante: ¿qué hace? ¿por qué tarda tanto? Nadie habla y el café se nos atraganta. Al fin sale y se va como entró, pero el miedo y las interrogantes se quedan. El dueño de la cafetería, más silencioso que ninguno, se dirige rápidamente a los servicios. Un sorbo de café y un ligero alivio: no hay nada --dice--. Alguien pregunta, al fin: ¿has mirado en la cisternas? 
Lactancio, escritor latino, dice: Dónde el miedo está presente, la sabiduría no puede existir. No hay lugar a la cultura, sabiduría, ni a un sorbo de café, cuando somos presos del pánico. Y hoy lo somos y, si bien es verdad y necesario estar informados debidamente de los nuevos peligros que cunden por el mundo y que pueden acecharnos dónde menos lo esperemos, ¿qué podemos hacer con semanas enteras contemplando a todas horas imágenes repetitivas, del terror, de la muerte, del dolor? El pánico nos paraliza, silencia y atraganta. El horror es una realidad, pero nada podemos solucionar los ciudadanos de a pie. Información, sí, terror, pánico, morbo, no. Bastante tenemos todos con lo nuestro para, por si fuera poco, vivir acogotados por una simple mochila.

* Maestra y escritora