lunes, 9 de junio de 2008

sábado, 7 de junio de 2008

lunes, 2 de junio de 2008

ANDALUCÍA EN LAS AULAS


Hace años que todos nos quejamos del poco rendimiento de los alumnos, así como de la indisciplina que campa por sus respetos en los Centros y ante la cual los profesores sufren de impotencia, desilusión y hasta depresión, en una sociedad enfrascada en un debate comparativo acerca de cómo los maestros hoy han perdido autoridad y dignidad. No obstante, desde estas páginas, y coincidiendo con el Día de Andalucía y el Día de la Educación, creo necesario hacer un breve recorrido por la legendaria historia de la educación en nuestra tierra, gran puente entre el ayer y el hoy. El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser desplazados, y precisamente corren tiempos en los que ignoramos o se nos ha olvidado de dónde venimos.

Dicen que los maestros antes teníamos dignidad, pero protagonizábamos el popular dicho de tener más hambre que un maestro escuela. Teníamos dignidad, dicen, pero nuestras aulas, en muchos casos eran cuadras mal habilitadas para dar cabida a sesenta, setenta… alumnos.

Teníamos dignidad, eso dicen, pero hasta los pozos ciegos que hacían de váter, teníamos que limpiar. Hay una frase de José Martí, con respecto a la dignidad, que siempre he hecho mía; Vale más -dice- un minuto de pie que una vida de rodillas. Peor que de rodillas caminábamos en tiempos pasados por pueblos y aldeas de nuestra tierra. Era un subsistir en el caos tremendo que suponían los rigores de una vida sin nada. No obstante inventábamos alas cada día, responsabilidad, dignidad, entonces, sí, ante el escenario de aquellos niños, que hoy calificamos de disciplinados, disciplina que entonces era tan sólo una sumisión despreciable, miedo, ignorancia y mucha pobreza.

De esa “dignidad y disciplina” pasamos, hace ya, en Andalucía a un caminar erguidos por tiempos nuevos, situándonos en un presente en el que al fin, desde mi punto de vista, y me emociona el pensar en ello, el magisterio es, al fin, un cuerpo digno. Sí, grandes y bien dotados Centros Escolares, Profesorado especializado, reducido número de alumnos por aula, Nuevas Tecnologías y un largo etcétera son una innegable realidad a la que cabría añadir un cierto bienestar económico que nos permite legítimos derechos. Pero nuestros alumnos ya no son aquellos pequeños “disciplinados” que como mucho abrían la boca para contestar: servidor de Dios, de usted y de todos los presentes, los alumnos típicos de la educación formal urbana, y quizás también de ciertas áreas rurales, tienen una estructura mental posmoderna, no sistemática, no recipiente de normas, no sumisa a órdenes establecidas... Piensan y se comportan en fragmentos incoherentes, con una lógica de cambio permanente. Es por eso que el rol del profesor no debería ser ya, como hasta ahora, el de depositario del saber, el de portador de la palabra y de la información. La referencia única y jerárquica. Tampoco podrá seguir teniendo como referencia la unidad espacial de las cuatro paredes del aula.

Tendríamos que empezar a perfilar un educador mediador, investigador, facilitador de procesos de aprendizaje, en el que lo esencial sea el sujeto estudiante, sus intereses, sus capacidades, su individualidad, por un lado, y su globalidad, por otro. .Corren, a todos los niveles, tiempos nuevos que exigen soluciones nuevas, pero jamás un maestro debe arrojar las armas porque el escenario de su actuación sigue siendo el futuro que representan sus alumnos, futuro que debemos construir desde una perspepectiva optimista, ilusionada, creativa porque ellos, nuestros alumnos, serán los protagonistas que mañana cogerán el relevo para seguir construyendo una Andalucía en la que los hombre y mujeres “vuelvan a ser lo que fueron…”

Cito para terminar unos versos correspondientes a un poema de Claudio Serra, titulado Caminates de Sueños y que dicen así: Yo quise en el silencio de la altura retener para el futuro un acorde, el rumor del viento por las alamedas, una voz, unas líneas escritas, un pensar. Caminantes de sueños, maestros, hagamos de Andalucía el verdadero Paraíso de Dar es-selam, paraíso al que aspiramos todos los andaluces; éste es el día y la hora..

martes, 27 de mayo de 2008



TRAGARSE LAS LÁGRIMAS

¡Cómo recuerdo las veces que he tenido que tragarme las lágrimas por aquello de que hay que ser fuertes, positivos, resignados y hasta héroes, llegado el caso!

Sí, poco más o menos es lo que a mazo y martillo se nos inculcaba en los ámbitos educativos de otros tiempos.

Muy mala prensa la de las lágrimas que eran consideradas como sinónimo de debilidad, cobardía y, lo que es peor, cosa de mujeres.

La generación de los que hoy ya casi todos somos abuelos, pues eso, ¡que hasta de llorar fuimos privados! Una perragorda que cayera en nuestras manos, ¡chinitos al canto! Un insustancial caramelo, sacrificio por los pecadores, y así suma y sigue que vaya infancia y juventud que vivimos.

Pero resulta que personalmente me elaboré mi índice de trágalas a fin de seleccionar las que fueran realmente constructivas. Y he aquí que solo quedaron algunas. Muy pocas. Entre ellas las lágrimas ocupan un primerísimo lugar, porque el llanto es, ante todo, una expresión del alma, de nuestros sentimientos, de nuestras emociones y puede, muchas veces, ser remedio para curar nuestros peores momentos.

La belleza del ser humano a mí me parece que reside en sus ojos, que son la puerta de entrada y salida al corazón.

Y el corazón llora por razones variopintas. Sin ir más lejos, anoche, viernes, tras la tormenta, y tras el cristal de una ventana, me pegué el lote. Era el asfalto de mi avenida mojado, y eran los semáforos y los faros de los coches reflejados en él, y era la cálida frescura de la noche, y eran los recuerdos, y la inauguración de la feria que me llegaba en fuegos artificiales, y era el mundo, los amigos, el deseo de eternizar aquel momento...

Sí, puede que sea un poco tonta, pero soy el personaje que tengo encomendado cuidar y es por ello que voy y le digo: ¡No te prives; si quieres llorar, llora!, porque una indigestión de lágrimas, ¡uf!

viernes, 23 de mayo de 2008





PADRES LECTORES


Hace unas fechas hemos celebrado el Día Internacional de la Literatura Infantil, y es por eso que no puedo dejar de referirme, una vez más a la importancia de la lectura.
Incontables veces, en Conferencias, Congresos, etc. he insistido en algo altamente sabido: las primeras experiencias de la vida son definitivas para la formación de hábitos, valores y actitudes.
Así, las vivencias que experimentan los niños en estos años respecto al lenguaje y al libro, incidirán de manera definitiva en su formación como futuros lectores.
No obstante, hay que tener claro, y ser muy conscientes de ello, que la lectura no consiste solamente en saber qué dice en determinado texto, sino ante todo el libro debe convertirse para el niño en el gran placer de descubrir el contenido, el valor de las palabras, las respuestas a sus muchas interrogantes, el libro, aún sin que el niño sepa leer, debe ser evocador de belleza y desencadenante de un gran deseo: qué dicen sus páginas.
De ahí que la importancia de la lectura debe empezar en el hogar. Sí, los padres deben convertir el hogar en espacio desde el cual los libros tengan lugar preferente de forma que los niños no sólo los vean como objeto decorativo sino que oigan hablar de ellos, puedan hojearlos, contemplar sus ilustraciones, adivinar sus contenidos e incluso imaginarlos y narrarlos.
Y no basta con mandar leer. Hay que leer con los hijos, compartir sus libros, comentarlos, transcenderlos a la vida real para censurar, aplaudir, opinar, etc. tanto acerca de su contenido como del proceder de sus personajes, etc.
En una retrospección veo a mi padre con el Quijote entre las manos, y a mi madre con Las Mil y unas Noches... Estos fueron mis primeros libros cuando aún sólo sabía deletrear. Seamos padres lectores para que nuestros hijos, libremente, sin mandatos expresos, lo sean.
La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso. Bacon.
Luego la importancia de la lectura merece que empecemos a fraguar hogares donde padres e hijos caminen de cara a los libros. Resultado: hombres, mujeres completos. Un libro me hace libre/ me pone alas /soledades me quita / cárcel me arranca. M. Hernández.