jueves, 2 de junio de 2011

Agresividad o la nada

Más o menos es lo que dijo un importante político de los de lanza en astillero, adarga antigua- (¡que me paso!) Si no eres agresivo, no existes. Dicho está. Que así se escriba y así se cumpla.
Pero la cosa no queda ahí porque otro personaje más sofisticado, más progre, más "in" se dejó caer con otra frasecita similar: si uno no está en Internet, no existe. ¡Qué fuerte! Pero puestos a frasear, voy yo y digo: si no estás en la tele, no existes; si no estás con alguna movida, no existes-
¿Y cómo le explicamos esto a Descartes? Porque, claro, yo estaba convencida de... Catapultam sum . Mis brillantes pensamientos, tenían una contudente explicación: pienso, luego es seguro que existo, pero resulta que una especie de revulsivo me ha puesto a cavilar en lo que tan importantes caballeros han proclamado acerca de la sí existencia o no existencia.
Y he llegado a una conclusión: las piedras existen pero no piensan, y eso creo yo que está pasando hoy día. Son demasiadas las existencia no pensantes pero que con voz propia van y dicen que si no cogemos un arma y nos liamos a golpes a diestra y siniestra, si no llamamos hijo de perra al otro, si no damos miedo a nadie, si no chillamos y pisoteamos a quien haga falta para subir un escalón, si no somos unos hipócritas trepas, si no navegamos perdidos por el tsunami de Internet, no existimos, no hay manos que nos aplaudan, ni focos que nos iluminen. ¿Será que la humanidad se está petrificando?
Alguien lo dijo: si siempre tenemos el arco tenso, muy pronto se nos romperá.
Y no hay duda que la tensión reina, que la violencia se impone, que la agresvidad, la mala leche da frutos, porque la espuma sube y sube, mientras uno se pregunta: ¿y por qué? Soy poca cosa para dar respuestas pero escucho a Franz-Kafka que dijo: en tu lucha contra el resto del mundo, ponte al otro lado del mundo. Y yo voy y me pongo.
*Maestra y escritora

martes, 10 de mayo de 2011

Pena de Muerte

 

Pena de muerte

ISABEL Agüera (11/05/2011)

Tras leer montones de artículos, escuchar tertulias y opiniones de todos los colores, me atrevo hoy a reflexionar en voz alta algo que me cuesta digerir y que humildemente expongo, consciente de que ni por cultura, ni por formación política, ni por nada, seguramente, estoy capacitada para hacerlo, aunque hay un pequeño matiz que me impulsa, no obstante, a ello y así poner palabras a esa voz que habla a todos del bien y del mal: la condición de ser humano por encima de todo. Hay un mandamiento, que escuetamente dice, sin posibles interpretaciones, no matarás. Y alguien, que no recuerdo, dijo: matar a una persona por defender un ideal no es defender un ideal: es matar una persona.
No creo que nadie sospeche siquiera de mi repudia más absoluta hacia el terrorismo y hacia los que lo practican o toleran pero, si más de dos tercios de los países del mundo han abolido la pena de muerte, se supone, supongo que no es precisamente de cara a los santos y pacíficos ciudadanos, sino para todos, sin excepción.
Y ahora resulta que nos alegramos, que festejamos, que aplaudimos, como una gran victoria, la ejecución de un ser humano, de dos de sus hijos, nietos, etc. Condeno de forma rotunda --repito-- a todos los Goliat vengan de donde vengan. Pero, dando por descontada esta obviedad, las noticias estrellas de estos días me dejan perpleja. Sí, porque la palabra matar nos va sonando como a broma, y ya la he oído hasta en boca de niños.
En fin, que no, que me uno al coro de voces que hablan del primor de coger vivos a los criminales, juzgarlos y condenarlos. Pero si este mundo va camino de justificar la tortura, la mentira, si va camino de matar y aplaudir a los verdugos, a los chistosos que usan la palabra ma-to, mejor huir de él. No sé a dónde, pero huir.
La pena de muerte es signo peculiar de la barbarie. Lo dijo Víctor Hugo.

domingo, 1 de mayo de 2011

Resucitar día a día

 

 

Resucitar dia a dia

26/04/2011 ISABEL Agüera
Esta noticia pertenece a la edición en papel.

Es inenarrable el sentimiento que me embarga cada año cuando amanece el Domingo de Resurrección entre olores de azahar, celindas, lirios, flores nuevas, en definitiva, tras la fría y larga noche de Viernes Santo. Es algo así como si, izándome de la tierra, me elevara a la búsqueda de un eterno abrazo con el universo infinito. ¡Qué paz! ¡Qué amor! ¡Qué misterio!
A veces casi exigimos pruebas a Dios para medio creer en El, y las hay, sólo que necesitamos, eso, elevarnos por encima de lo material para descubrirlas, porque están ahí, rodeando nuestro cuello como abrazo de apasionado amante, y están ahí, tan pegadas a nuestras vidas que ni siquiera las reconocemos. Sucede que nos cegamos en la inútil espera de sucesos extraordinarios que podamos interpretar como llovidos del cielo y en respuestas a nuestros divinos desafíos.
Todo en torno mío duerme. Es la madrugada del Domingo de Resurrección, y una especie de plegaria me escucho en los adentros. Gracias, Dios, por haberme dado capacidad de renacer en los difíciles momentos de mi vida y así poder continuar contemplando las estrellas, la Osa Mayor, aquel "carro" que papá me señalaba en las negras noches del jardín de casa. Gracias por resucitar en mí cada mañana la capacidad de amar las mil cosas sencillas que descubro en los días. La vida no es fácil. Las más de las veces, una pesada y punzante cuesta arriba. De ahí que cada día vayamos muriendo un poco, pero de ahí, sobre todo, que cada día tengamos que beber, sorbo a sorbo, el divino elixir del amor y la esperanza, y resucitar, como resucita la primavera, como resucitan los pájaros cada año en sus nidos.
Y termino con versos de un querido amigo R.M. Navarrete: Quiero que existas, Dios / porque si Tú existes en algún lado / se detendrá el reloj en la hora de siempre / y daremos de nuevo cuerda al corazón parado.
* Maestra y escritora

martes, 12 de abril de 2011

12/04/2011

Mano a mano con becquer

12/04/2011 ISABEL Agüera Espejo

¿Qué es poesía? dices mientras clavas / en mi pupila tu pupila azul. / ¿Y tú me lo preguntas? No, señor Bécquer, yo no lo pregunto, yo, ¿te acuerdas cuando de pequeñita escribía aquellos versos que decían: Era mi casa un panal, era mi vida un sueño, era-? (qué cursi, ¿no?) Pues sí, aquí en Córdoba, Cosmopoétíca, poetas del mundo en nuestra ciudad. Y ya ves, yo conversando contigo, tras ciento cuarenta y un años de tu muerte, contigo, romántico tardío --dicen-- y que... Volverán las oscuras golondrinas / en tu balcón sus nidos a colgar, /y, otra vez, con el ala a sus cristales / jugando llamarán. Al alero de mi terraza siguen llamando, como lo sigue cada año la primavera, y yo repito tus versos y no te pregunto qué es poesía; lo sé. Poesía son tus palabras que en silencio hacen que me sienta querida, mejor persona, transcendente, universal, casi etérea, casi divina. Poesía son tus palabras, más que escritas --la mejor poesía escrita es aquella que no se escribe-- sentidas, vividas al hilo de un éxtasis cósmico, existencial, palabras nacidas para dar fe de que no hay universidad válida para conceder título de poeta, sino que, más que palabras, son actos porque no es el ruido el que determina quiénes, como tú, son poetas de pura cepa. Tus versos, sí, que, como lira de un apasionado amante, se escuchan, más que se leen, al oído y hacen temblar al alma. Qué hermoso es tras la lluvia /del triste otoño en la azulada tarde / de las húmedas flores el perfume aspirar... Amigos cosmopoéticos: mi admiración y cariño. Con mis palabras, tal vez fuera del contexto de vuestra poesía, quiero sumarme a ese coro de voces y, alzando mi copa degustar en bares y tabernas de nuestra ciudad el singular cóctel vino-poesía. Pero permitirme la libertad de seguir sintiéndome becqueriana y que termine repitiendo lo que en el alma ansío: Por un beso, yo no sé qué te diera por un beso.

martes, 5 de abril de 2011

Días Mundiales

  

 29/03/2011 ISABEL Agüera
Por curiosidad, a la vista de un día sí y otro también, busqué un calendario de días internacionales y, ¡hala! ¡Si hasta la rabia tiene su día! ¡Qué barbaridad! Y digo yo: ¿sirve de algo un año de días con dedicatorias? Mi amigo Ginés, con su mijita de guasa, suele decirme que de una tontería hago una teoría. Sucede que, desde mi punto de vista, ni se trata de tonterías y mucho menos de teorizar sobre las pequeñas cosas que van haciendo tilín a mis cinco sentidos ya crecidos por tantos abonos como la vida propicia, y lo de venga días y venga ollas (¿existirán todavía las ollas? ) que aquí estamos para celebrarlos es sinónimo de indiferencia total, sea el santo que sea. De todas formas, falta por proclamar un día importante, al menos, desde mi punto de vista: el Día Internacional de un Día Cualquiera. ¡Lo dicho! --dirá mi amigo.

 Y no se equivoca. No es tontería porque resulta que no encuentro fecha para tal día. No existe un día cualquiera, un día en blanco en la corta historia de nuestra biografía. La vida, agridulce de una sucesión de momentos que, en cadena, y en el repente de un flash nos ilumina, viene a ser un día único, especial, por muy cualquiera que nos parezca, pero no hay más. Tan solo disponemos de este día, de este momento.

¿Por qué no vivirlo con la exquisitez de lo efímero y lo sublime de lo transcendente y eterno...? ¿Por qué esperar un calificativo para contar con una fecha más en el almanaque de nuestra vida? Y es que, mientras haya tiempo, no podemos sumirnos en el desaliento, arrastrando como lúgubres y deprimentes las rutinas cotidianas. Desde cualquier lugar, a cualquier hora existe la maravillosa posibilidad de poder tomar y escuchar el pulso de la vida que palpita a nuestro alrededor y extraer de esos latidos el néctar preciso para hacernos receptivos a las pequeñas cosas que singularizan cada día de nuestra corta existencia

miércoles, 23 de marzo de 2011

Caretas Virtuales

Caretas virtuales

15/03/2011 ISABEL Agüera

Carnaval, carnelevarium (¡qué trabalenguas!), quitar la carne. Eso es: dejar de comer carne porque llegaba mamá cuaresma y había que dar caña al cuerpo. ¡Cuarenta días sin probar bocado de las suculentas carnes al uso de los tiempos! Claro que para eso, mediante la bula, se gozaba de privilegios y dispensas sobre el ayuno y la abstinencia. Hoy día, el carnelevarium ese nos resultaría irrisorio, de cara sobre todo a cualquier tipo de sacrificio porque lo que mola es la buena vida, dar gusto al cuerpo: mucho sexo, mucho comer, beber... Y máscaras van y máscaras vienen, que la mejor siempre será la que más desfigure nuestro rostro. No obstante, de toda la vida he preferido la cara descubierta, la autenticidad, la verdad, valores que aprendí en el aula magna del hogar. Pero resulta que tales valores, son sinónimos de imprudencia, ingenuidad y hasta simpleza. Ponerse la careta, aunque solo fuera una vez al año, ¡anda que no liberaba! ¡Menudo desahogo poder soltar la legua y nombrarle toda la familia a fulanito o menganito! Sucede que en los tiempos actuales, las nuevas tecnologías, como varita mágica, nos han traído la mejor de las caretas: la virtualidad.
Y ahí cabe todo lo que se nos ocurra para presentarnos con las mejores prendas que puedan orlar al más espectacular avatar humano. Todo puede ser sin ser. Ahora, eso sí: nada de compromisos. Hoy puedo estar y brindar amor eterno, y mañana, tragarme la tierra para los restos. Y ahí queda eso, que si alguien se molesta, que beba agua. Imágenes virtuales, palabras virtuales, amores virtuales, sexo virtu...
 Sí, en lo virtual cabe todo lo que se le eche. ¡Que no me gustan las caretas por muy tecnológicas que sean! Dónde se pone la calidez del vis a vis, el mirarse a los ojos, el compartir un café, una copa..., bueno, sexo también pero en vivo y en directo, no se pone la mejor virtualidad.
* Maestra y escritora

martes, 1 de marzo de 2011

De oca en oca

De oca en oca

01/03/2011 ISABEL Agüera
¡Para qué las ocas que he tenido que sortear hasta lograr escuchar una voz humana que, escuetamente, al fin, preguntara!: ¿En qué puedo servirle? Miles de protestas se me ocurrieron, dado que hasta se me había olvidado el objeto de mi ya remota llamada. Pero no hubo lugar a ninguna porque de aquella oca humana pasé a otra serie de voces metálicas que de una a otra repetían: Con una palabra diga el objeto de su llamada. Y yo: ¡Ba-ja! Y la voz: No lo he oído bien, repita, por favor. Y yo a gritos: ¡Ba-jaaa!

Con un impresionante cabreo colgué el teléfono, tras veinte minutos y con la consiguiente impotencia de no saber cuál paso era el siguiente. Mejor dicho: es que no había paso posible. Hace años, tal vez con la madurez, comprendí aquello de que menos es más. Y así mi sentido de todo sufrió una gran catarsis: ¡Fuera todo lo que sobra! Mesa limpia hice y hago cada día porque entendía que el progreso consistía en renovarse y me encantaba la idea de sentirme nueva, pero resulta que he aterrizado en otro concepto del progreso y que alguien ya dijo: Lo que llamamos progreso es el cambio de un inconveniente por otro.

¡Y vaya si llevaba razón el de la frase! Porque si problemas daba el telefonillo de la manivela, las voces virtuales de hoy día, más que problema, son una auténtica pesadilla. Casi para todo ya no hay una persona que de viva voz nos atienda, ya todo son automáticos que hablan o papeles, ¡muchos papeles!, antes de abrir la boca.

Creo que el problema de nuestro marchoso progreso radica en el hecho de haber olvidado lo positivo que teníamos y liquidarlo sin piedad, partiendo así de cero.

Y, bueno, a este paso me veo pronto haciendo señales de humo o tocando un tambor para clamar: ¡A mí, que estoy aquí! Ahora, ¡eso sí! A las tres de la mañana ¡qué voz más humana y melodiosa sugiriéndome el cambio de operador! ¡La reoca, vaya!.
* Maestra y escritora