martes, 8 de mayo de 2012

Alumnos productivos

Alumnos productivosISABEL Agüera 08/05/2012


Tema pendiente desde hace tiempo, cuando leí en uno de mis artículos de esta sección un comentario firmado por "Alumnos productivos". Mi agradecimiento por sus elogios y mi respuesta a una deuda que dejé pendiente y que hoy trato de saldar.
Entre otras cosas decía el comentario: los profesores sois unos superdotados y para usted escribir, una rutina, etc. Bueno, pues, querido o queridos alumnos productivos: en primer lugar, cumplir con el deber y hacerlo sin reservas, sin trampas, con total honestidad no es ser superdotado, simplemente a eso yo le llamo ser profesional que equivale a producir lo que en conciencia es nuestro deber y responsabilidad.
También deseo matizaros cómo veo yo el tema de la rutina. Si creéis que para alguien el trabajo de escribir, en este caso, como el de otros muchos, puede ser una práctica rutinaria, os equivocáis. ¿Cómo os explicaría para que me entendáis sin falsas interpretaciones? Sí, casi que llevo toda mi vida escribiendo, amén de todo lo demás que mencionáis, pero os puedo asegurar que son muchos, muchos los días que se me pasa por la cabeza arrojar la toalla: días de total depresión, de dolores físicos, de grandes problemas, de luto riguroso, de muchas lágrimas, días de estar frente a esta pantalla sin encontrar camino por dónde dar un solo paso más.
Resulta, pues, que no hay varita mágica que nos active la cuerda y nos ponga a funcionar. Por consiguiente, ¿soportar la rutina, sobrevivirla y producir en ella? ¡Difícil, amigos, muy difícil!
Para mí, ser superdotado de verdad es el "levántate y anda" cada día, a cada edad, en cualquier circunstancia y hacer de la vida un constante esfuerzo de superación. Los seres humanos nos parecemos todos y lo que nos pone es la buena vida, pero en un plis plás la vela se nos apaga sin más.
¡Qué bello sería que dejara en el aire una zigzagueante fogata blanca!.



* Maestra y escritora





lunes, 23 de abril de 2012

Presencia Poética

DIARIO CÓRDOBA/OPINIÓN
ISABEL Agüera 24/04/2012




Como se desvanece la espuma de las olas, tras besar la arena, así se me fue, casi de las manos, el hombre que me salió al paso, un día, con sincera y eterna declaración de amor.
Con un beso helado ya en las mejillas, me dijo adiós hace 22 años, un 30 de abril, cuando los verdes crecían por los campos, cuando una fina lluvia caía sobre la ciudad.
Hace frío esta madrugada. Mis ojos, nubes preñadas de lágrimas, que tantos caminos regaron, vuelven a ser borrasca hoy de nostalgias y recuerdos. Aquel pueblo de nuestro encuentro, las tormentas, los paraguas, los charcos, las goteras...
Tú y yo, pobres de todo, tú y yo, ricos en amor, tú y yo, dichosos con nuestra nada, vivíamos en plenitud la lluvia en los otoños, y los trigueros en las primaveras, y las espigas y las eras en los veranos.
Tú y yo hicimos de nuestras vidas tal aleluya que, tras largos años ya de aquel adiós sin retorno, puedo escucharte, puedo verte superpuesto en el cuadro vivo de mis días.
Sí, yo sé que eres tú, boca en sonrisas siempre que me mira.
Sí, eres tú, brisa limpia, cálida, serena que cala mi alma cada madrugada.
Eres tú, nostalgia en las flores marchitas de un ayer que es hoy en el almanaque de mi alma. Y tú eres yo, poema de amor escrito en el cálido aliento de los instantes que me nacen, que me palpitan, que me llevan.. No sé a dónde, pero es tu amor lo que respiro, lo que me ríe, amor lo que me llora...
Y tu recuerdo en mis manos es la hoja que vuela, y es el tren que pasa y el viento que agita mi cortina, y es el piar de pájaros nuevos...
Tu recuerdo no es un ayer perdido en hora de azahares y jazmines, ni es aquel beso en la despedida, tu recuerdo es el presente de unos hijos de unos nietos que fueron proyecto ilusionado un día.
Tu recuerdo sigue siendo flujo y reflujo en lugares, palabras, silencios...
Vuelve. Mi corazón es la senda. ¿No oyes cómo me galopa el resplandor de la aurora?









martes, 10 de abril de 2012

¿Gastar o invertir?

EDUCACIÓN: DIARIO CÓORDOBA
ISABEL AG ERA 11/04/2012


Ayudemos a que los niños encuentren en las aulas
respuestas a sus grandes o pequeñoas expectativas


¡Malos tiempos corren! Y hasta ahí entiendo ajustes, sacrificios, etc., aunque cueste que así sea. No obstante, cuando esta mañana escuchaba en la radio las incidencias que tendrán en educación, sinceramente, he sentido como que me dolía el alma.

A la memoria me llegaban tiempos pasados, y casi olvidados, en los que, alumnos carentes de toda clase de medios, eran tan solo número para llenar micro-escuelas en las que recibían micro-conocimientos y en las que, a duras penas, se lograba que memorizaran cuatro cantinelas rutinarias e inútiles.

Fui alumna de la posguerra y maestra de la posposguerra. En mis años de niña, adolescencia y juventud no hubo escuela que me enseñara a pensar, a opinar, a revelarme, no hubo escuela que me enseñara a ser yo y mis posibilidades de cara al futuro. En mis años de maestra, intuyendo más que sabiendo, creí en la necesidad de cambiar, despejando caminos y girando hacia nuevos horizontes en los que los alumnos se reconocieran como personas únicas, creativas, valiosas, pensantes, ante todo. Otros muchos maestros y maestras también fueron 'sastres' de tallas únicas, y así, pasito a pasito, llegamos a una escuela digna, innovadora, moderna y más que nada consciente de las muchas competencias que de cara al futuro hay que sembrar y desarrollar en los alumnos.

Hoy, por una maldita crisis, se dice que hay que gastar menos en educación, olvidando que en este campo la palabra gastar se queda fuera de todo significado, porque no se trata de consumir gasolina, ni de comerse el dibujo de una rueda, ni de vaciar los bolsillos en fiestas, se trata de invertir en futuro, de financiar y apostar por ese tiempo mejor que anhelamos y que serán nuestros niños y jóvenes de hoy los artífices que, con responsabilidad, preparación e ilusión lo hagan posible.

No los dejemos, pues, tirados en la cuneta.









lunes, 9 de abril de 2012

Gente sin más



Pues, nada, que sin comerlo ni beberlo, "cuerpo a tierra", sobre el asfalto del gran aparcamiento de un centro comercial! Eso es: mi agorafobia, un mareo, el bolso por los aires y allí quedé tirada sin perder el conocimiento pero sin poder ni tan siquiera abrir los ojos.

En unos instantes, un nutrido coro de gente me rodeaba en diligencias y comentarios: "Subidle los pies, llamad a una ambulancia, ponedle algo debajo de la cabeza, tapadla, me suena la cara..." Unas manos de hombre fuerte apretaban las mías, al tiempo que repetía: "¡Tranquila, señora, no le va a pasar nada! Aquí tengo su bolso y... las llaves de su coche. ¿Quiere que llamemos a alguien o llamamos a la ambulancia?" A la ambulancia, no. Y repetí un número de teléfono.

En fin, un espectáculo de primera, pero a lo que iba: jamás en mi vida me he sentido más impotente, inédita y presta a ser pacto de comentarios, propuestas y decisiones ajenas, pero confieso que tal vez sea la primera vez en mi vida que más acompañada, atendida, querida y bien tratada me he sentido.

Las manos de aquel hombre, al que no pude ver su rostro pero sí sentir sus generosas vibraciones, me llegaron al alma, porque, una vez más comprendí qué buena gente la gente que lejos de enfrentamientos políticos, religiosos..., lejos de competitividades, de protagonismos, etcétera, muestra solo su rostro de gente. La buena gente que más sufre las crisis de todos los colores, que protesta pero al fin soporta, la gente manipulable, a la que nos referimos como sinónimo de los otros, los incultos, vulgares, gastadores e irresponsables.

No obstante, la gente es la que llena calles y plazas, la que consume, la que se mueve, la que, cuando llega el momento, sacando su vena de gente, es sabia, solidaria, servicial, humana y, llegado el caso, hasta casi divina.

Por ello, va por la gente y quiero ser solo eso: gente sin más. * Escritora



martes, 27 de marzo de 2012

Él vino en un barco

OPNIÓN/DIARIO CÓRDOBA
ISABEL Agüera 28/03/2012
El vino en un barco- (¡Madre mía! ¡Pues sí que empiezo bien!) No, es que estaba pensando lo añejas que resultar ciertas costumbres, modas, usos que en su momento fueron como milagrosa válvula de escape a los conflictos, ¡muchos, muchos!, a las calamidades y privaciones en años de posguerra.

Y sí las golondrinas vuelven, y vuelve la primavera y vuelven las dificultades, ¡la dichosa crisis, vaya! Y, claro, si antes la gente se refugiaba en las iglesias, en la mesa camilla, en el porrón, en las canciones... ("era hermoso y rubio como la cerveza..."), hoy día nos quitamos la crisis de encima a golpes de televisión, fútbol y, de vez en cuando, un chute de vacaciones, de platillos de jamón (¿del pelotazo? ¡qué va!!) y, si se presenta, sustanciosa y polémica tertulia sobre los recortes.

¡Ah, bueno, y a propósito de recortes! ¿y una vez que resultemos bonsáis, qué? Porque los tertulianos no creamos nada de nada y los políticos menos. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Recortamos el mundo? Yo creo que sí, que nos queda grande, aunque, pensándolo bien, falta sitio para muchos: ¿qué ha sucedido con los niños rumanos y sus familias? Pues eso, que sus pobres chabolas no cabían en la ciudad y allá que fue la señora grúa y a las dos de la madrugada, ¡cielo raso! y adiós muy buenas.

Y no me conteste, señora grúa, que me sé de memoria todito lo que me va a decir, pero son seres humanos, europeos para más inri, y son niños, que lo que más le importaba, en aquellas irreverentes horas y en medio de aquel desastre, era salvar su almohada y su mochila del cole.

¡Cómo cantaba la generación "S"! Hoy nadie canta o tal vez, como enanitos que es a lo que vamos, deberíamos entonar el, "Aitón, aitón, a casa descansar"

Que vuelvan las golondrinas, la primavera y que sigan las podas que ahí están las grúas para recortar sobras. ¡Los niños, no, que sigan creciendo, por favor, que sigan cantando, ellos!



*Escritora



miércoles, 21 de marzo de 2012

Difícil Adolescencia

DIARIO CÓRDOBA / EDUCACIÓN

No hay día que conductas de jóvenes y adolescentes salten como noticia de primera en los medios de comunicación. Y es cierto que hay casos que nos dejan tan descolocados como para expresar la visión más pesimista acerca de edades que, si bien han sido siempre conflictivas, hoy día su contenido se ha elevado a potencias inimaginables.
Una vivencia en días pasados me estremeció y embargó de tristeza y reflexión. Madrid. Tren, Talgo. Por el pasillo veo avanzar a una chiquilla de unos quince años, arrastrando una pesada maleta.

Detrás de ella, la madre. Su asiento, justo a mi lado. La chavalilla exclama: ¡Cuánto pesa esta maleta! ¿Qué hago cuando llegue? ¿Me estarán esperando?

Sin detenerse ni un solo instante, la madre, como una exhalación, desciende del tren exclamando: ¡Arréglatelas como puedas! ¿No dices que ya eres mayor?

Y aquella muchacha, cayendo encima de mí, se arrojó a la ventanilla medio gritando: ¡Mamá, mamá! Pero mamá, que se perdía entre una multitud, ni tan siquiera volvió la cabeza.

Hasta aquí parte de la vivencia, pero mis reflexiones, que no cesan, son hoy tema que trataré de reducir al máximo. Con un esquematizado bagaje, rescoldo de fantasías y escozor de intuiciones fantasmagóricas acerca del mundo de los adultos, llega el niño a la adolescencia en una especie de explosiva y desesperada búsqueda de identidad.

Y vuelve a situarse en el centro del universo, pero no ya como un ser improductivo al que alimentar, sino como un osado rebelde, un ser extraño que se aísla, que se encierra en su capullo para realizar una importante metamorfosis.

No podemos anatematizar, ni condenar y mucho menos abandonar ese trance del que puede surgir una bella mariposa, porque su grito, ¡mamá!, es un SOS: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Volvamos la vista. Están ahí: esperan  menos reproches y más repuestas.

lunes, 5 de marzo de 2012

Hombres Diez

DIARIO CÓRDOBA// OPINIÓN
ISABEL Agüera 06/03/2012


A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: ¿qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas? Pero en cambio preguntan: ¿qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre? Solamente con estos detalles creen conocerle.

Si hay algún libro del que siento envidia por no haber sido su autora es precisamente de este: El Principito.

 Y todo a cuento de un gran hombre, por supuesto, con nombre propio: José Peña González: cuatro licenciaturas, tres doctorados, innumerables obras y un larguísimo currículo, imposible detallar en tan breve espacio.

Este hombre diez lo conocí en nuestra Real Academia, como a otros muchos de gran categoría y prestigio. Al principio, entre su grandeza y mi pequeñez, apenas si alcanzaba a verlo, pero un día caí en la cuenta de que el hombre que yo buscaba estaba "dentro de la caja", y así era exactamente como yo lo quería.

Y no era pequeño ni estaba dormido. Era el amigo cercano, sencillo, educado, entrañable... Como canta el poeta de él se puede decir: "Me encuentro a gusto en mi flotilla rompe olas, navegando con todos. Compañero de barqueros y mineros, de todos los que se dan la mano, como y bebo con ellos".

Amigo Peña: nuestro Séneca, del que soy adicta en mucho, dice: "La adversidad vuelve sabio al hombre. Creo que en tu caso, las grandes adversidades dan lugar como dice O. Goldsmith al mayor espectáculo del mundo que no es otro que cotemplar a un hombre esforzado luchando contra la adversidad.

Mi admiración y cariño, amigo. No hay más que una historia: la historia del hombre --Tagore--. A tu historia, amigo Peña, le faltan muchos capítulos por escribir. Estoy segura de que estás en ello, y de que tu capacidad y prestigio seguirá siendo norte para tantos como te queremos y admiramos.

Derecho, camino  adelante.  Sí  se puede ir muy lejos en este nuestro pequeño-gran-planeta.



* Maestra y escritora