sábado, 17 de mayo de 2008









Queridos amigos: Como sé que estáis ahí, en silencio pero con vuestras vidas a cuestas, muchas veces, y a vuelos, algunas, que estáis, como yo, en trajinar diario con tantos y tan variopintos problemas y porque sé que de alguna manera conectamos en este sencillo blog, quiero esta mañana compartir con vosotros la noticia de la edición de mi nueva obra "Buenas ideas para educar a los hijos".
Esta obra resulta ser entrañable para mí porque se la dedico a mi hijo, si bien cuando pensé escribirla, hace años, mi hijo no era ya lo que es hoy. Me explico: Cuando se casó, como otros tantos chicos jóvenes, se encontró con obligaciones caseras que compartir y que le venían largas y parecían interrumpir sus aspiraciones de hombre creativo. Mi deseo era mostrarle cómo el ser amo de casa compartido con la esposa y, sobre todo, la tarea de educar a los hijos, es una apasionante aventura en la que se pueden descubrir infinidad de valores que, en definitiva, pueden elvarse a la categoría de arte, cuando se hacen con amor y entrega.
Y digo que esa historia para mi hijo queda ya lejana porque, efectivamente, aprendió pronto y hoy es un excelente padre y buen compañero para compartir desde hacer la compra y la comida comida, por ejemplo, hasta el más ínfimo detalle en relación con la educación de sus dos hijas.
Pero el libro está ahí para ayudar en temas que dan respuesta a las múltiples cuesiones que cada día se presentan en el hogar y para las cuales, en muchas ocasiones, los padres, los maestros no tienen recursos y los conflictos se crecen.
Y no me enrrollo más. Mi deseo, como siempre que escribo, es prestar algo de ayuda, utilidad a quienes la precisen. Espero que así lo entendáis. Un abrazo. Isabel

viernes, 9 de mayo de 2008

CULTURA DE LA PAZ

La paz, este bien tan anhelado, mas que ganarlo en campos de batalla en los que el vencedor se vuelve estúpido y el vencido rencoroso y constante enemigo - Nietzsche -, la paz que a todos concierne, y que hoy reivindicamos como valor, desde el nivel educativo, hay que prevenirla.
Es decir, la mejor forma de ganar una guerra es evitarla, algo que no sucede por mero deseo, sino que como acontece en todas aquellas cosas que suponen bienes y valores para la humanidad, hay que promover corrientes que favorezcan una cultura de la paz en todos los ámbitos, corrientes que eduquen con fines personales y sociales.
Las relaciones humanas son siempre conflictivas y la superación pacífica de estas situaciones es precisamente la forma de convivencia armónica de las distintas culturas, pueblos, sexos, razas y demás diferencias que puedan servir de excusa para la división, odio e incomprensión.
La condición primordial para la paz está basada en dos principios como fundamento: justicia y libertad Y esto que puede verificarse con una simple mirada a la historia de la humanidad es totalmente extrapolable a nuestro terreno educativo.
Los alumnos, aún los más pequeños, se rebelan cuando detectan en padres y maestros una actitud dictatorial e injusta. La educación para la paz no queda reducida a grandes campañas sobre juguetes y palabras que, en definitiva, no transcienden más allá del mero juego de todos los tiempos.
Lo importante es crear ámbitos de justicia, respeto, tolerancia, diálogo... Pero sobre todo una práctica de la cultura de la paz que implica ética personal y social.

lunes, 28 de abril de 2008

POSMODERNIDAD Y EDUCACIÓN 1ª PARTE

POSMODERNIDAD Y EDUCACIÓN

http://www.isabelaguera.com


INTRODUCCIÓN
Muchos son los artículos que llevo leídos en los últimos años sobre educación, dado que el tema me interesa, sobre todo, como observadora y reflexiva profesional que busca y desea encontrar respuestas, tal vez inéditas, originales, pueden parecer, pero adecuadas, efectivas y urgentes, a las necesidades que hoy día demandan los alumnos.
No obstante lo mucho escrito, desde mi punto de vista, es preciso situarnos con claridad y lejos de excesivos tecnicismos en la realidad de esta sociedad cambiante que anatematizamos sin caer demasiado en la cuenta de que todos, inmersos en ella, somos la globalidad que camina, que guía, que marca pautas de conducta, al tiempo que reprueba, condena, se rebela ante quienes las siguen.
Es por ello que, ante todo, quiero ser explícita y didáctica para hacerme entender sin grandes esfuerzos por parte de los lectores.
Y como introducción, que nos sitúe en el umbral mismo de la problemática actual, voy a referirme, en primer lugar, a ciertas experiencias -casos- entre padres, maestros, hijos, alumnos que me han hecho reflexionar y profundizar en algo que, por intuición, y sin ser consciente de ello, sabía y trataba de remediar: Los niños, los adolescentes y jóvenes de hoy, nada, absolutamente nada, tienen que ver con los de ayer.
Pero vayamos por partes y veamos en primer lugar dos casos.

PRIMER CASO:
Un pequeño de ocho años, ante una rotunda imposición de la madre contesta:
-No quiero, no tengo gana; paso de ti…
La madre, echa una furia, lo recrimina:
-¡Mañana no sales! A mí no me contestas tú de esa manera. A ti te voy yo a enseñar a ser respetuoso y educado... ¡Valiente sinvergüenza!
El niño contesta:
-Bueno, si no salgo, mejor; no me importa.
Interviene el padre que más drástico, lo amenaza:
-Aquí en esta casa no quiero gamberros. Así que, cuando quieras coges la puerta. A tu madre no se le contesta así.
-Pues, tú le contestas a mamá –añade el pequeño
-Yo hago lo que me da la gana, pero tú, mientras estés en esta casa, o te comportas o a la calle.
El pequeño cogió la puerta y se fue.

Largo de contar el desenlace pero creo que basta con lo narrado para poder evaluar actitudes y realidades.

SEGUNDO CASO:
A una adolescente le suena el móvil en la clase. La maestra monta en furia y pregunta:
-¿De quién es ese móvil?
-Mío –contesta la chica poniéndose de pie-. Me llamaba mi madre para darme un recado.
-¡Dame el móvil ahora mismo! –exclama la profesora- Sabéis que no quiero móviles en clase. ¡Qué falta de educación! ¡Y encima, contestas!
La chica no se inmuta. La profesora repite:
-¡Que me des el móvil ahora mismo!
-¡No se lo doy! –contesta- Usted también lo tiene y se sale de la clase para hablar, y yo no me puedo salir.

Muy interesante sería poder analizar detenidamente, a modo de psicodramas, casos reales como los citados y evaluar, con objetividad, actitudes, comportamientos, valores… consecuencias. Pero, dada la limitación del espacio, me propongo en este artículo dar respuestas generales, válidas a problemas concretos que tanta confusión generan en educadores, en general.

domingo, 27 de abril de 2008

sábado, 26 de abril de 2008

MIS ALUMNOS APRENDEN A SOÑAR


HUMANISMO Y CREATIVIDAD




Cierta parábola cuenta que un pequeño entró un día en el estudio de un escultor y vio un gigantesco bloque de mármol. Dos meses después, al regresar, encontró en su lugar una maravillosa estatua ecuestre. Y, volviéndose al escultor, le preguntó: ¿Y cómo sabías tú que dentro de aquella piedra había un caballo?
Las preguntas del pequeño son bastante más que una ocurrencia infantil. La verdad es que el caballo estaba ya dentro de la piedra, y que la habilidad del escultor consistió en saber verlo e irle quitando al bloque de piedra todo lo que le sobraba.
El escultor no añadió nada; sacó la figura encerrada en la piedra, viendo dentro lo que no veía nadie.
Redondeando esta idea, recuerdo ahora a un marinero que me dijo un día: Para ver el mar, niña, no te detengas en la orilla. Mira hasta lo más lejos que te alcance la vista, y allí, sigue mirando.
De igual forma yo pienso que para conocer a los seres humanos no basta con mirarlos a la cara sino que hay que alcanzar las vastas profundidades de su alma donde se esconde esa obra de arte que puede iluminar al mundo, pero hacen falta artistas, ojos avizores que, olvidados de las muchas teorías aprendidas, hagan de su práctica escolar dos sencillos principios: humanismo y creatividad
Principios ambos que ni hay que proponerse ni exigir: Simplemente se ema­nan con toda naturalidad, como mana el agua del manantial, cuando se nutre de copiosa lluvia, porque, ¿cómo dar lo que no se tiene?
Siempre he considerado que la finalidad esencial de la educación es conseguir la plenitud del hombre, del alumno mediante el cultivo de los valores más genuinamente humanos, creando contextos de amor y aceptación y entendiendo el estilo que J. A. IBÁÑEZ MARTÍN define como propio de la E. humanística: incitar al individuo a tomar una posición personal en su existencia, a base del esfuerzo, de tal modo que ame la libertad, la armonía y la cultura.
Pero hacen falta escultores educativos que, sin dañar la integridad, saquen, de la bravura de la “piedra”, la maravilla que esconde cada ser humano

LA LECTURA COMO VALOR



Dice Daniel Pennac, prestigiosa pluma del panorama francés, que el verbo leer no admite el imperativo, sino que su uso como tal mandato ha sido la causa de muchos rechazos viscerales a la lectura. Los hombres, todos los hombres, deberían leer con la naturalidad con que hablan y con la cotidianidad con que se relacionan entre si, porque leer es una parte más de la vida, mediante la que podemos ponernos en contacto con otros mundos, con otros sueños, con otros pensamientos, con otras ilusiones, con otras penas...
Fernando Savater dice: que algunos habitamos la tierra como lectores y que todo el resto de lo que hacemos es una consecuencia de haber leído o un pretexto para seguir leyendo.
La lectura hace al hombre más crítico y, sobre todo, más libre. Como en los emocionantes versos de Miguel Hernández imaginando la risa de su hijo recién nacido, un libro me hace libre / me pone alas. / Soledades me quita / cárcel me arranca
José Antonio Marina dice que huir de la lectura es:
Huir del argumento de la razón, de la claridad, del análisis, de la capacidad de crítica. Es en último término, abdicar de la libertad. La ignorancia es iletrada, Esto conviene repetirlo en un momento en que estamos a punto de naufragar en la fascinación de las redes. Quien piense que conectarse con INTERNET supone algún progreso o entraña algún aumento de conocimiento es un ignorante tecnológico. En la red se encuentra sólo lo que se sabe leer.
Efectivamente, en el mundo actual es cada día más importante el aprendizaje y quien más aprende es, se quiera reconocer o no, quien más lee y quien mejor lee.
Celia, personaje de Elena Fortun dice: A veces lo que sueño creo que es verdad, y lo que me pasa me parece que lo he soñado antes... Además, lo que ha pasado no está escrito en ninguna parte y al se olvida. En cambio lo que está escrito es como si hubiera pasado siempre.
No obstante, y con referencia a la lectura en los niños, entre padres y maestros, primero, y con el gran abanico de ocio que hoy día compiten ventajosamente con la lectura, provocan cada vez más continuos desencuentros entre los pequeños y los libros.
La lectura es un valor, y su práctica habitual rebasa el ámbito escolar al que con mucha naturalidad, los padres asocian casi en exclusiva.
La lectura no debe ser considerada simplemente como un proceso más de aprendizaje, sino sobre todo porque mediante su dominio se adquirirán destrezas, actitudes, competencias que le van a resultar imprescindibles en la vida cotidiana y en su integración, con posibilidades, en la sociedad.
De ahí que la familia, los padres deben adquirir conciencia de su gran responsabilidad, así como de la definitiva influencia que sus hábitos lectores, por un lado y su colaboración, por otro, puede ser determinante en el valor que para los pequeños resulte la práctica lectora.
No basta con mandar leer. Hay que leer con los hijos, compartir sus libros, comentarlos, transcenderlos a la vida real para censurar, aplaudir, opinar, etc. tanto acerca de su contenido como del proceder de sus personajes, etc. En una retrospección veo a mi padre con el Quijote entre las manos, y a mi madre con Las Mil y unas Noches... Estos fueron mis primeros libros cuando aún sólo sabía deletrear.
Y termino con unas reflexiones de Chesterton, ese genial maestro contemporáneo de la paradoja y del sentido común se sorprendía de lo absurdo de un mundo, como el nuestro, que valora socialmente más la actividad de un educador que enseña la regla de tres a cincuenta alumnos que la de una madre que enseña a su hijo todo sobre la vida. Todo el énfasis sobre la importancia de la educación para el progreso de un pueblo, los acalorados discursos de nuestros políticos sobre la necesidad de reformar permanentemente la educación para hacerla más efectiva, los aumentos de la partida de Educación en los Presupuestos Generales del Estado, son palabrería hueca o argumentación inconsistente, cuando casi nada ayuda a fomentar la dedicación de tiempo y de calidad a la forma más universal de educación, la educación privada en el hogar, pues comparada con ella, la educación pública en la escuela puede resultar estrecha y limitada.
El hogar sigue siendo el aula por excelencia, y la familia el núcleo básico de transmisión de todos los valores