miércoles, 26 de marzo de 2008

PADRES


En estos tiempos las palabras disciplina, castigos, represión, etc. se escuchan reivindicativas en foros, tertulias y, a poco que se dialogue con profesores y padres, como si en ellas estuviera la panacea, la pócima milagrosa para acabar con los supuestos males que aquejan a nuestros niños y jóvenes.
Y si es cierto que se precisa con urgencia un remedio, para mí que difícilmente las soluciones apuntadas puedan ser eficaces y convenientes. El principio de la educación -Turgot- es predicar con el ejemplo, y es por ello que la base, la raíz de tanto problema radica en el ámbito por excelencia para todo ser humano: la familia.
En el seno del hogar, en esa convivencia con los padres que, como corriente imparable de transferencias, comienza el mismo día del nacimiento de un niño, es dónde se va forjando al individuo que más tarde puesto en escena tendrá unos determinados comportamientos sociales.
Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida. Pero los padres de hoy día, inmersos hasta la saciedad en atributos posmodernistas, no promueven valores, y ni tan siquiera ellos tienen el alma templada para afrontar, desde la templanza, fe, justicia, tolerancia... las complejas cotidianidades de tan agitados y turbulentos tiempos.
Es por ello que se impone una reeducación de los mayores, una reflexión que nos ponga de relieve cuándo y cómo educamos a nuestros hijos.
¿Acaso no deberíamos, aún renunciando a ciertos beneficios económicos, dedicarles más tiempo y atención? Llevarlos al cine, pasear con ellos, compartir juegos, promover tranquilamente debates acerca de sus intereses... estrangular de vez en cuando tantas horas de televisión y convivir en relajada calma, aunque sólo sea ante una fuente de palomitas de maíz.
Y es que no se trata de procurarles más y más medios inútiles, ni de costearle las mejores carreras, se trata de entender que esas criaturas que hemos puesto en la vida son nuestra más importante obra, y templar su alma, responsabilidad que nos corresponde.¿ Por qué obviarla? ¿Por qué delegarla?
Se impone, urge una reeducación de padres que los sitúe en el nivel justo de la balanza.

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