viernes, 19 de diciembre de 2008

¡FELIZ NAVIDAD!


DIFERENCIAS QUE MATAN


En su rostro pálido y deforme se dibujaba una sonrisa. Una sonrisa que brotaba de la tristeza infinita de su alma, como brotan las gotas cristalinas del rocío sobre la hierba marchita de los campos. Sus manos largas y puntiagudas se agitaban en un tic sin retorno. Sus pies, que colgaban secos de unas piernas muertas, eran enormes zapatos que se apontocaban sobre el plateado peldaño de una silla de ruedas grande y ligera que, al deslizarse, hacía un ruido macizo. Su cabeza, mata de pelo negro, torciendo y destorciendo el cuello, era la expresión más viva de una alegría nueva.
Un autobús blanco, impecable, con una cruz roja en las puertas, era la gran sorpresa de aquella mañana soleada de octubre. Los niños y niñas del colegio lo rodearon. Las puertas del autobús se abrieron. Una plataforma, como si fuera un ascensor de juguete, descendió automáticamente. Por allí bajaron al inválido, con aquella sonrisa triste eclipsada en su rostro.
Era su primer día de colegio. Desde entonces, cada mañana y cada tarde, esperaba feliz al autobús que transportaba al pequeño inválido y esperaba, con impaciencia, la hora del recreo para empujar su carro de ruedas por entre los mil alumnos/as que jugaban alegres. Hoy, tras muchos años pienso, en aquel pobre niño que un día faltó al colegio y ya no regresó más. Se fue al cielo.
Y, al recordarlo, siempre, y en especial en este día de los discapacitados, me pregunto: ¿Por qué tuvo que nacer inválido? ¿Por qué tuvo que morirse tan pronto? Como todos los niños de su edad, le gustaba leer, dibujar, hacer largas cuentas, jugar. Sí, como todos los niños era adicto a su cartera, a su estuche, a su bocadillo ¡Qué mala pata su progresiva invalidez, única diferencia con los demás, que acabó con su vida a las doce años!
Creo, y es lo más importante, que vivió feliz porque tuvo el calor, el cariño de cuantos lo rodeamos.

martes, 25 de noviembre de 2008

NIÑOS Y VIOLENCIA

EDUCACIÓN DIARIO CÓRDOBA
ISABEL AGÜERA
Recordaba estos días de programas, mensajes, etcétera, acerca de la lucha contra la violencia de género, cómo a lo largo de mi vida, y creo que en la actualidad más que nunca, la violencia que un día se torna hacha de guerra, arma letal para todo, si bien de forma especial para la mujer, se forja y se crece en la gran cuna del hogar, en el regazo que, por excelencia, es para el niño la familia.
Un pequeño de siete años me comentaba un día en el aula: "Anoche mi padre le pegó a mi madre, y yo estaba escondido en la terraza. Cuando tenga más fuerzas que él, se va a enterar".
No sé dónde andará aquel niño, hoy, pero lo que sí tengo seguro es que no sólo se habrá enterado su padre sino que su contenida e indigesta agresión habrá encontrado otras muchas víctimas.
Pero no siempre la violencia se engendra por legado de padres maltratadores, asesinos. No, mis reflexiones transcurren por cauces mucho más cercanos y generales. Y es que, dando por descontado que si un niño vive con violencia, aprenderá a ser violento, es sumamente necesario que los mayores seamos conscientes de cómo los pequeños son esponjas que se empapan hasta del sudor que transpiramos, alimentando tiernas raíces en árida tierra cuyos frutos serán el hacha de guerra del mañana.
Y eso quiere decir que también es violencia las voces entre padres, la faltas de respeto, los comentarios sexistas, racistas, los castigos injustificados, los excesos, la poca atención que se les presta, los muchos caprichos que se les dan, el sin fin de horas que los dejamos solos ante la televisión, la permisividad excesiva y un larguísimo etcétera, en el que otros ámbitos se suman como un excelente caldo de cultivo en el que se va formando la futura personalidad violenta de nuestros niños.

El violento no nace; se hace a nuestra justa medida, con nuestra misma talla y con el abono que le propiciamos.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

DÍA INTERNACIONAL DE LA INFANCIA

EL FUTURO SIEMPRE ESTÁ EN MANOS DE LOS NIÑOS. ¡OJALA SEPAMOS ENSEÑARLES


CÓMO ABRIR PUERTAS, EN LUGAR DE CERRÁRSELAS CON FUERTES CANDADOS.



miércoles, 5 de noviembre de 2008

MI NUEVA OBRA

ENTREVISTA.Isabel Agüera ESCRITORA
"EDUCAR DESDE LA EXPERIENCIA", NUEVA OBRA DE LA ESCRITORA CORDOBESA, ISABEL AGÜERA06/11/2008
LUGAR DE NACIMIENTO, VILLA DEL RIO (CORDOBA). TRAYECTORIA: LA ESCRITORA CORDOBESA ACABA DE PUBLICAR EN ALMUZARA ESTOS DIAS EL LIBRO ´EDUCAR DESDE LA EXPERIENCIA´.
-- ¿Se supone, Isabel, que en esta obra, ´Educar desde la experiencia´, encontrarán los docentes soluciones a los graves conflictos que se suceden en las aulas?
-- -Si así fuera, mi obra sería un tratado de magia. No, ¡ni mucho menos! Nadie tiene varitas mágicas para operar milagros. Se trata, sencillamente, por una parte, de narraciones, podemos decir, literarias, de cómo, a lo largo de mi magisterio he ido resolviendo los conflictos que se me han ido presentando de todos y cada uno de mis alumnos. Por otra parte, y a modo de epílogo, hago una exposición muy concisa y sencilla de importantes teorías psicopedagógicas.
-- ¿A qué achacas tantos conflictos como se suceden hoy día entre profesores, padres y maestros?
-- Sencillamente y en primer lugar, como se puede comprobar en mi obra, que los problemas a los que te refieres, no soy de hoy, sino de siempre. No obstante, a tiempos nuevos, problemas nuevos y, sobre todo, soluciones nuevas.
-- ¿Qué factores opinas que están influyendo más decisivamente en los niños y jóvenes de hoy?
-- ¡Huy! Son muchos: familia, medios, ambiente- No habría que ir muy lejos para comprobarlo. Un tema para muchos debates.
-- Y a tu juicio ¿habría que educar con experiencia y conociendo bien todos estos ambientes?
-- La experiencia, para todo, debería ser importante, pero nadie nace sabiendo. De ahí que la experiencia sea fruto de madurez que habría que aprovechar, pero, hoy día, en un concepto esnobista, se rinde culto a la juventud, arrinconando lo mejor de nuestros mayores que, sin duda, podría ayudarnos a caminar por huellas menos inciertas.

miércoles, 29 de octubre de 2008

TIEMPOS EN EDUCACIÓN

VALORES.
Tiempos en educacion
29/10/2008 ISABEL AG ERA
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Llevo días que, como muletilla instalada en mi cabeza, no ceso de darle vueltas a las últimas estadísticas que he conocido acerca del resultado de la educación y de los alumnos, hoy.

Sin matices, sin lugar a dudas, todo el mundo se engancha al carro de confirmar que sí, que los alumnos de hoy son peores que los de ayer, que saben menos, que se esfuerzan menos, que respetan menos, etc.

Bueno, estas aseveraciones me sacan de quicio porque, los que afirman todo esto en una absurda comparación, posiblemente no hayan reparado en algo esencial: que los alumnos de hoy no son los de ayer, que el concepto de familia de ayer nada tiene que ver con el de hoy, que la sociedad que nos precedió no era ni prima hermana de la actual, que todos somos distintos a lo que fueron nuestros padres y a lo que fuimos nosotros mismos.


No obstante, jamás se tacha de malas amas de casa, de cómodas y déspotas señoras, por ejemplo, a las que ayer lavábamos en pilas y ríos y hoy en cómodas lavadoras. A nadie se le ocurre pensar que el escribir en ordenador sea una comodidad baladí e innecesaria, añorando, así, las viejas máquinas.

El día de hoy nada tiene que ver con el de ayer, ¿por qué, pues, no ocuparnos del presente y hacerle cara como corresponde? Creo que, como dice M. Harold, deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá. Estoy convencida de que, coronar la cima en educación, no es patrimonio de nadie porque su dinámica es tan activa y cambiante como la vida misma.

Hacernos el relevo de la antorcha, sí, mejorar el pasado sí, soñar con un futuro casi imposible, sí, pero sentarnos en el sofá a vivir de añoranzas y comparaciones, no.

Llenemos nuestras vidas de voces, caras, días. Llenémoslas, sobre todo, de ilusiones nuevas, de huellas nuevas que sirvan de referencia mañana.

En educación, como en todo, no hay más tiempo que el presente.

domingo, 26 de octubre de 2008

DEJA A ESE CANARIO CANTAR

ESE CANARIO QUE CANTA Cristobal Vega Álvarez
Ese canario que te cantaal despertar de tu alborada
es un usurpador de trinos
que los ha robado de mi alma.

Náufrago, sin puertos de amparo
entre las estrellas del alba,
exhausto, perdida la fe
en alcanzar la última playa,
picoteando en el tesoro
de mis sueños y esperanzas,
el pájaro me los robó
para el albor de tu terraza.

Intenté denunciar el plagio
en cualquier juzgado de guardia,
más lo pensé mejor y vi
que mi medida era inextacta.

-(Nada se resuelve en la vida
con el castigo o la venganza)-

… Y que los trinos de un canario
que besan dulcemente tu alma
es el más bello y dulce de los néctares
en las oberturas del alba.

¡¡Déjale que siga cantándote
en las madrugadas
y deja al poeta que sueñe
junto a tu terraza!!


Quiero que sean sus versos el mejor homenaje que pueda rendirle a un poeta y amigo como éste que se nos fue. Isabel

viernes, 24 de octubre de 2008

ENTREVISTA LUIS DEL OLMO


MARATONES, NO


Con bastante frecuencia mi Avenida se torna delirante maratón. La algarabía que conlleva el evento me saca inexorablemente a la terraza. Miro, observo y reflexiono.
La cabeza de la carrera, apretada competición, sin duda alguna: no saben, no ven, no entiende. Sólo correr, y llegar ¡a ver quién el primero!. Después, el jadeante pelotón, también interesada rivalidad entre segundones. Finalmente, los extenuados y solitarios perdedores que, no obstante, a porfía con ellos mismos, y con la lengua fuera, llegarán ¡Dios sabe cuándo!, pero la meta será suya, y el placer de haberla alcanzado. Así son tales retos.
En estos días muchos son los estudiantes que se enfrentan, bien al tan mal visto examen de selectividad, bien al final de unas evaluaciones que les darán el espaldarazo preciso para promocionar o, por el contrario, los anatematizarán como no aptos para promocionar con las consecuencias que para familia, sociedad y, sobre todo, para los alumnos mismos conlleva.
Y es que hemos planteado la vida como una auténtica maratón en la que a nadie se le permite formar parte del pelotón, ¡y no digamos de la cola! Así nuestros hijos viven días de auténtica angustia a la espera de unos resultados que poco o nada dicen de lo que en realidad son ellos, sus capacidades, aptitudes, etc.
Hay que preparar a nuestros pequeños, jóvenes para aceptar derrotas, incluso injustas, pero no por eso deben decaer en ilusión para intentarlo de nuevo. No pasa nada, ni hay que dramatizar por unos desafortunados resultados. La vida es continua lucha, pero sin esgrimir antorchas, sino ganando el pulso a las caídas. Grabando una y otra vez nuestro esfuerzo, no en la corteza de un árbol sino en lo más profundo del alma, porque la vida es tan corta que no da para más.
Maratones, no, y menos en educación. Cada ser humano tiene su propia meta. No le pongamos jamás el signo del igual.
Casi toda la vida se reduce a luchar por levantarnos cada vez que resbalamos y caemos al suelo como el caracol. ¿Sabes qué hacen cuando esto les sucede? Lo intentan una y otra vez, sin descanso y sin demora.
Esta es la realidad que nos aguarda, pero la conciencia estará tranquila y podremos dar por bien empleado nuestro tiempo, si pusimos todo tu esfuerzo en el empeño.

miércoles, 15 de octubre de 2008

PERDER EL NORTE


Perder el norte
15/10/2008
ISABEL AGÜERA
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Partidaria al máximo de los aprendizajes tempranos quiero, no obstante, matizar una cuestión que de toda la vida me ha preocupado, y me preocupa, máxime en los tiempos que corren.

Y es que se ha instalado en las familias una especie de estrés colectivo y competitivo que, dislocando el más importante de los objetivos, educar individuos libres, responsables, felices, etc., camina de cara hacia una meta única que conlleva la más absurda e ignorante maratón: Que los hijos aprendan mucho y pronto a costa de lo que sea: clases extras, estudio, tareas, etc.

Por supuesto que, hoy más que nunca, la sociedad nos va a exigir individuos instruidos, educados y hasta experimentados en muchas disciplinas pero nada va a acelerar este proceso, largo, muy largo, si forzamos a nuestros hijos, alumnos, a entrar de cabeza en el circuito, cuando aún no les hemos enseñado a dar los primeros pasos.
Me contaba una profesora de inglés que, cuando trataba de enseñar los colores básicos a pequeños de tres años, una alumna, repetía enfadada y como autómata: el "achul" no es blue; es "achul"; lo ha dicho mi mamá. La anécdota suscita risa pero, más allá de la conveniencia de los aprendizajes tempranos, hay un casi drama palpable: las prisas no sirven para nada.
El comprender debe preceder al aprender. ¿No habría que empezar por enseñarles que azul no es "achul"? Que sepan, como robot, y cuanto antes y más mejor es lo que importa.
Y a la rastra, medio dormidos, sin faltar un día, desde los tres años, a clase, que el tiempo apremia y el vecino sabe y el primo sabe...
Creo que hemos perdido muchos nortes y el de la educación, peor que perdido: lo estamos desquiciando con exigencias que han borrado del escenario de la infancia palabras como juego, felicidad, placer por aprender.
No estaría de más que, de vez en cuando, repasáramos los derechos de los niños.

lunes, 13 de octubre de 2008

sábado, 11 de octubre de 2008

¡ADELANTE, AMIGOS!

¡ADELANTE, AMIGOS!
Como decía Henry Miller, no hay que ordenar el mundo, porque el mundo es la encarnación del orden. Somos nosotros quienes debemos ponernos al unísono con ese orden.

Y esto os lo escribo una espléndida mañana de otoño, cuando el cielo de mi Avenida es filigrana de nubes, y el viento fresca brisa que, en lluvia de hojas, matiza de nostalgias esta llegada lenta del alba.

Cansada ya, sí, de muchos trabajos, pero con las manos extendidas siempre a la ilusión y a la esperanza, os digo con mis mejores palabras:

¡Adelante, amigos! Somos personajes de excepción de este provisional escenario que es la vida. Representemos, con la mayor perfección posible, el papel que nos ha sido asignado, porque en ello encontraremos la recompensa.

Nacimos con un proyecto debajo del brazo: Colaborar a que este nuevo Día sea como luminoso arco iris que, de extremo a extremo del universo, luzca fecundo para todos los seres humanos.
No hay tiempo que perder.

Somos criaturas en cuyas miradas asoma el alba.
Somos corazón y vida por donde fluye el maravilloso ocaso de cada atardecer.
Somos himno que entona sueños, mientras tejemos el sutil relámpago que cruza el cielo
y lo ilumina en blanca vorágine de altura. Somos belleza y amor.
Somos, y ahí radica el milagro, solitario bosque de felicidad.
Y es que la felicidad radica en ese saber encontrar, a solas, la magia de los momentos.

A veces se apodera de nosotros una especie de conjura para exterminar lo más hermoso que fue dado al ser humano: capacidad de crear, de sentir, de compartir, de amar la belleza que emana de este gran día de hoy que nos toca crear.

No dejemos en blanco esta hermosa página que es el hoy y el ahora. Nuestra obra exige esfuerzo, sí, pero la recompensa la tendremos al final, cuando tengamos que presentarla al concurso del Creador.

lunes, 6 de octubre de 2008

ALTO Y CLARO

Alto y claro
30/09/2008 ISABEL Agüera
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Me da la risa al recordar la cara de tontos que se nos quedó a todos cuando, finalizada una importante conferencia, se abrió turno de preguntas. El mutis, tenso y hasta espectacular, duró unos minutos en los que, solapadamente, nos mirábamos unos a otros cómo interrogándonos: ¿Tú has oído algo? ¿Tú has entendido algo? ¡Nada de nada!
Más de una hora soportando un tan leve murmullo que ni tan siquiera llegaba a serlo porque el conferenciante, como si repasara una lección de memoria, leía y leía para él solito, mientras la audiencia, disimulando bostezos, soportábamos la tortura de una hora larga de quietud sin oír, ni entender nada.
Hace años aprendí algo que jamás he olvidado, cuando tengo que intervenir en público: Es imprescindible que se produzca la retroalimentación entre orador y oyentes u escuchantes --feedback-- , el cual se traduce en un proceso de compartir, comunicar y al mismo tiempo sentirse alimentado, comunicado por el interés, la atención, etc., del personal.
Cuando hablamos para ser escuchados está claro el objetivo de comunicar nuestro mensaje a fin de lograr cierto efecto en el ánimo de los que escuchan, y el éxito para que así sea depende de una combinación entre talento, que es algo innato, y lo adquirido por la práctica y el estudio. La oratoria es a la vez un arte, una ciencia, una técnica y un instrumento, y el orador debe practicarla con elegancia, brevedad, sencillez, claridad...
¿Qué diría Demóstenes y los célebres helenos, si levantaran la cabeza? Claro que eso, ¿a quién importa, hoy? ¡A bien que no tenemos arrinconados nuestros viejos libros de filosofía, historia, etc.!
Pero yo pienso que es una tremenda falta de respeto, un asalto, un atropello, someter a un público a tales aburrimientos y que por ello habría que detenerse algo más en las forma y, al menos, aprender a leer. ¡Alto y claro, por favor, queridos conferenciantes!
* Maestra y escritora

miércoles, 1 de octubre de 2008

APRENDAMOS DE LOS NIÑOS

Aprender de los niños
01/10/2008 ISABEL
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Tanto a nivel profesional como en mi constante convivencia con niños en cualquier lugar, y en honor a la verdad, confieso que es mucho más lo que he aprendido, lo que aprendo de ellos, que lo que ellos hayan podido aprender o aprendan de mí.

La última lección y, por lo que tiene de maravillosa, la cuento, la han protagonizado mis nietos de tres y cuatro años. Los entretenía repasando un álbum de fotografías en el que los ellos, desde el día que nacieron, estaban presentes en todas y cada una. El de tres años, muy rellenito, las miraba, y no gustándose, repetía: Ese no soy yo. Y una especie de halo triste lo envolvía. El hermano --cuatro años--, plenamente consciente de lo que decía y con una angelical sonrisa, repetía: No, ése no eres tú; ése soy yo.
Paulo Coelho dice: Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea. De acuerdo total con las tres, pero desde la experiencia de mis nietos, no tengo más remedio que añadir una cuarta cosa importante: Los niños nos pueden enseñar la mayor lección de amor que puede darse entre seres humanos: la de apropiarse los defectos, los males, las penas del otro y hacedlas propias.
Sinceramente conmovida ante tan maravilloso espectáculo, me dije: Siempre lo he sabido pero hoy me ratifico especialmente en ello: los niños son lo mejor que tenemos. Y es lamentable cómo se nos escapa de las manos la infancia, años en los que se forjan valores fundamentales, cuando debidamente se les escucha, se les observa- Cuando, en definitiva, hacemos por ellos algo más que colocarles en las manos todo lo que nos van exigiendo.
El niño es el gran valor que debemos custodiar. Seamos, pues, conscientes de nuestra gran responsabilidad y de la gran trascendencia que para ellos supone.
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lunes, 29 de septiembre de 2008




LECTURAS DE OTOÑO – I I–

Vivir los momentos

La vida -dice O. Wilde- es simplemente un mal cuarto de hora formado por momentos exquisitos". No obstante disiento del gran escritor en sutiles matices porque para mí no cuenta tanto la metáfora tiempo como el vivir en plena conciencia y con absoluta exquisitez cuanto nos va sucediendo.
La vida no podemos medirla en años, ni en días, ni tan siquiera en cuartos de hora, la vida es una sucesión de momentos que en cadena y en el repente de un flash nos ilumina al fin de que vayamos troquelando el camino que conduce hacia nosotros mismos.
Sí, hasta el momento postrero nos queda tiempo para escribir una palabra, al menos, sobre el blanco tapiz de la vida.
Y un momento es la salida del sol y el ocaso, y un momento es la sonrisa de un niño y el perfume de una flor, y un momento es el repique de campanas, y el paso de un coche fúnebre, y un pájaro que canta, y un ser humano que llora, y un momento es la euforia y otro la depresión y tristeza...
Sólo vivimos momentos sumergidos en el vaporoso agridulce que, en definitiva, viene a ser la vida, pero la vida fluye como los ríos y nadie puede bañarse dos veces en la mismo agua.
De ahí que la bebamos a conciencia de que gota a gota corre sin retorno.
No hay marcha atrás en el tiempo. Tan sólo disponemos de ese maravilloso momento que, en este mismo instante, tenemos en nuestras manos.
¿Por qué no vivirlo con la exquisitez de lo efímero y no obstante trascendente?
Mi momento presente, un amanecer de nubes, el perfume de la hierbabuena en mi maceta, una ambulancia que pasa...
La mejor palabra para acuñar todos los momentos de la vida: amor.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

LECTURAS PARA EL OTOÑO - I -

¡GORRIONCILLOS que revoloteáis a mi alrededor! Quisiera ser vuestra amiga, y quisiera cogeros, acariciaros, notar en mis manos el cálido palpitar de vuestro minúsculo corazón y, en un instante, devolveros a la libertad.

Pero me huís; lo entiendo. Para vosotros, ¡qué peligroso pajarraco debo parecer! ¡Qué monstruoso espantapájaros! ¿Verdad?

También yo me noto, a veces, rodeada de gigantes de feos espantapájaros los que huyo por muy dulces que sean sus canciones.

¡Ojalá que alguno deseara tan sólo acariciarme para después devolverme intacta a la libertad!

Pero no me fío. Al igual que vosotros, no, no me fío; levanto vuelo, huyo…

Y tú, pobre espantapájaros, ¡quítate la careta que veamos tu verdadero rostro de una vez! Mejor siempre el propio que el ajeno. ¿No ves que así tan sólo espantas a inocentes gorrioncillos?

¡Pobres! ¡Si lo único que quieren es bajar al huerto, y escuchar el sonido fresco de los canalillos de riego!

¡Si lo único que quieren es ver cómo el borriquillo de ojos tapados da vueltas a la noria! ¡Si ellos, eclipsados en el ayer, sueñan desde sus nidos con planteras y riegos, con crepúsculos y Ángelus, con primaveras de azahares, con veranos de jazmines…!

¡Déjalos, tonto espatanpájaros! Si ellos serán siempre el ayer, el hoy, el mañana… Isabel Agüera

miércoles, 17 de septiembre de 2008

COMENZAR CON BUEN PIE

Diario Cordoba Educación
Portada > Educación
17/09/2008

VALORES.
Comenzar con buen pie
17/9/2008 ISABEL AGÜERA

Confieso, y soy consciente de que mis palabras pueden causar, como mínimo, extrañeza a una generalidad de profesores, que para mí el regreso a las aulas, ha sido siempre algo festivo y celebrado el reencuentro de compañeros, novedades, expectativas y, sobre todo, el alumnado, aire siempre nuevo que me reconciliaba con ilusión y creatividad, a la mayor aventura de mi vida: la de educar y educarme en el sentido literal de los términos.
También hoy, lejos de las aulas, vuelven a mí niños y niñas que, con cartera al hombro, llenas de ilusiones más que de libros, portan en sus limpias miradas, en su francas sonrisas, sueños de futuro que traducidos al presente, un nuevo curso, depositan en manos de sus maestros.
Desde mis primeros pasos por el magisterio comprendí algo trascendente que he tratado fielmente de seguir a lo largo de mi vida profesional: Educar es algo más que verter contenidos conceptuales, a fin de que los alumnos aprendan mucho sobre determinadas materias, educar es, ante todo, el arte de abrir caminos, despertar mentes, crear sueños para que, desde la autonomía y libertad puedan regir, administrar y gobernar sus propias vidas. . Educar, en definitiva, es el arte de crear.
Crear personas que, desde sus posibilidades, desarrollen capacidades, aprendan valores y entiendan que el mundo es el escenario de todos, desde el cual podemos descubrir horizontes de luz blanca hacia donde caminar o profundos agujeros negros que nos sumerjan en un estancamiento farragoso que envilezca nuestras vidas.
Buen pie para empezar deseo a todos mis compañeros y una explícita medio súplica: No os detengáis ante los problemas que serán, que son muchos, sin duda: siempre los hubo y siempre los habrá. Jamás el escultor se exilia ante la dureza de la piedra; la golpea con mayor fuerza y tino porque no pierde de vista la obra que se esconde en ella.

lunes, 15 de septiembre de 2008

QUERIDO CORREO


Querido correo
16/09/2008 ISABEL Agüera
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¡Vaya verano que nos has dado, querido correo! Días y más días sin rastro de tu paso por los buzones que casi hablaban y protestaban al verse atiborrados de propagandas y algún que otro sobre con el aburrido membrete de bancos y cajas.
Sin que sea ese mi camino me he vuelto algo nostálgica de aquellos años por aldeas de un puñado de habitantes que, cada día, a la caída de la tarde, esperábamos expectantes en la placita de tierra y naranjos a un cartero que, con los rigores de todos los tiempos y pedaleando una vieja bicicleta, era fiel con su compromiso de portar una o dos cartas.
¡Cómo nos emocionaba el verle llegar por caminos de polvo o barro! Recuerdo cuántas veces, y con cuánto agrado, se convertía en lector y traductor de aquellas misivas cuyos destinatarios eran gente analfabeta que derramaba lágrimas de alegría o dolor, al ritmo de sus palabras, que repetía una y otra vez hasta leer de un tirón.
Mi transitar por los días no arrastra la rémora del pasado porque mis pasos los oriento en dirección al amanecer de cada día, nuevo y distinto, en el que me instalo. Pero desde hace años, y el colmo ha sido este verano, tú, mi querido y bien recordado correo, has hecho que me repita esa frase cargada de pesimismo, creo yo, de que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Y sí, es lamentable, al menos en lo que respecta a este servicio, y máxime con los medios que hoy día cuenta, el que las pocas cartas, escritas de puño y letra, las invitaciones, etc., nos lleguen con fechas caducadas.
Y yo me hago la eterna pregunta: ¿Qué es mejor, lo público o lo privado? ¡Claro, querido correo, que tú me dirás que eres semi! Pero ya se te podía haber pegado lo mejor de ambos sectores. ¡Digo yo! No me vale esa excusa, ni culpo a los carteros. ¡Qué va! Ellos son, y bien lo sé, unos mandados.
"A veces llegan cartas con sabor amargo, con sabor a lágrimas". Pero llegan.
* Maestra y escritora

domingo, 14 de septiembre de 2008


TRAS LOS MAYORES CAMINA SIEMPRE UN NIÑO. PROCUREMOS QUE NUESTRAS HUELLAS SEAN PROFUNDAS PARA QUE NO PIERDA EL NORTE.


martes, 9 de septiembre de 2008

EL LOCO

Hacía frío ya.
Los primeros aguaceros habían asentado el polvo de los jardines.
Todo el paseo era como una misteriosa y repentina caída del otoño.
Atrás quedaban los jugueteos de niños por caminos y fuentes. Atrás, los reposados silencios de los viejos. Atrás, los alegres y cómplices coqueteos de los enamorados.

El paseo era una sombra sin más perfiles que las copas peladas de los plataneros, sin más vida que la de aquel desarrapado y pobre "loco" que seguía paseando encogido como si siempre llevara frío, con la cabeza acurrucada entre los hombros y todo su pequeño cuerpo en un incontrolable tic que se adivinaba entre los pliegues de una vieja gabardina.

Día tras día, en todas las estaciones, recorría, de la mañana a la noche, el paseo, camino del río, y allí, justo en la orilla, entre álamos y cantos de pájaros, se quedaba eclipsado en interminables murmullos que nadie entendía y que más bien parecía como si hablara a la corriente.
La gente, con indiferencia, al verlo pasar, repetía: ¡Cualquier día no vuelve!

¡Pobre loco! ¡Ojalá que vuelva siempre! ¡Ojalá que no le dé por irse con la corriente en busca del mar! ¡Ojalá, cuando llegue la primavera, mis ojos puedan regresarlo de nuevo, como regresan las golondrinas, las flores, las mariposas, los niños, los ancianos… los enamorados.


¿Por qué extraña historia se habría vuelto loco?
¿Acaso estaba cuerdo y nadie lo sabía?

Han pasado años, pero lo sigo viendo, como un bulto, como una sombra que se deslizara ausente de la realidad que éramos todos, que somos todos...

¿Por qué nuestros ojos sólo verán pobres locos, seres humanos que andan sueltos, tragándose, a malas penas, las razones de su locura?
¿Por qué en nuestros corazones no habrá lugar a tantos dementes que sanarían con amor?
¿Por qué será?
¿Por qué estaremos tan ciegos para nuestra locura y seremos tan videntes de la locura de los demás?
¿Por qué al pobre “loco” aquel le daría por ir y venir al río?

lunes, 1 de septiembre de 2008

NOSTALGIA

LA TORMENTAl

Por el horizonte, relámpagos, rayos, truenos gordos... Se iba la luz.
En las casas se encendían velas y mariposas que chisporreteaban y exhalaban un humillo negro que olía a sebo, se colaba en la nariz y carraspeaba en la garganta.

Arreciaba el viento y la lluvia. La gente se recogía con prisa. Tan sólo alguna que otra linterna centelleaba por las calles, confundida con el dislocado vaivén de los plataneros en la plaza
El campanín de la iglesia se aventaba solo, desorbitando el miedo de los pequeños y acelerando el rezo de los mayores: Santo, santo, Señor de los ejércitos...
Chasquidos como de piedras golpeaban de pronto tejados y cristales. Granizos que rebotaban en el asfalto como un divertido baile de guiñol.
Y se veían brazos infantiles, extendidos por las ventanas en incesante intento de atrapar alguno, y el agua corría por las calles, formando riachuelos, hasta llegar a las alcantarillas, y allí se quedaba estancada y formaba lagunas que amenazaban con entrar en las casas, y había estrépito de cubos, y algarabía de chiquillos...
Las abuelas, acariciando cuentaS, rezaban, en incesante murmullo, el rosario, al tiempo que se santiguaban y encendían mariposas a la Virgen del Carmen.
La tormenta se alejaba por el horizonte, dejando tras ella un cielo estrellado en medio de un puzzles de nubes que se iban desmadejando como si el ángel de las tormentas hubiera tirado, al fin, del cabo, y sólo, como rastro visble de su paso, sobrevolaran vaporosas pelusas que arrastraba el viento.
En la calle, bajo arcaicas bombillas que recobraban su macilenta luz, se formaban corrillos que miraban al cielo, que comentaban, que en felices augurios, daban gracias a Dios porque todo quedaba en el susto.
Y los niños, en divertidas escapadas, y con prosaicos barcos de papel, asaltábamos charcos y arroyuelos que corrían por debajo de las aceras. Y allí ingenuas porfías: hacer navegar nuestros mágicos barquitos.
La gente dormía, al fin, tras la tormenta. Sólo las canales, recogiendo agua de los tejados, como relajantes adormideras, en el sopor de la noche, seguían y seguían.
Y yo me acurrucaba en mi cama. Y soñaba que mi barco no se hundía, que desafiaba la tormenta, que el mundo estaba allí, en mi pueblo, en mi casa, en mi cama...
Pero hoy estorba la tormenta, estorba la lluvia, las goteras... Hoy estorba todo lo que no sea culto al dinero, al placer, prisas, competitividades... al consumo. Se perdió la ilusión por las maravillosas cosas sencillas y cotidianas.
Valdría la pena vivir aunque sólo fuera para respirar la calma que esparce a su paso la tormenta. En un pueblo, en una aldea, en cualquier lugar del mundo
Algo que no deberíamos olvidar cuando truena fuerte el dolor y nos llora el alma.

domingo, 24 de agosto de 2008

miércoles, 20 de agosto de 2008

MUJER DE PAPEL

Mujer de papel
19/08/2008 ISABEL Agüera



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En una ocasión pedí a mis alumnos que se dibujaran a sí mismos. Me sorprendieron tres resultados. En uno, un pequeño se situaba en un podium: "Soy un campeón" --me dijo--. En otro una niña acunaba una muñeca: "Soy una mamá". El tercero, otro varón se situaba en medio de un círculo: "Es una corona --me explicó--. Soy un rey. Es que no lo ves".
Un poco triste pensé y me dije: lucharé con todas mis fuerzas para que haya más mamás reinas y campeonas. Sí, eso, exactamente, era y sigue siendo en mucho la mujer: papel donde el hombre escribía al derecho y al revés. El ser esposa le espera, criar hijos, educarlos y complacer a su marido
¡Qué atrás y que rancias va quedando esas cantinelas de siglos! ¡Y cómo me reconfortan las cuotas de igualdad que se van logrando! Mujeres políticas, mujeres empresarias, soldado, abogadas, médicos, jueces... Mujeres preparadas que cuentan con las mismas capacidades cognitivas, sociales y psicológicas que los hombres y que son necesarias para ubicarse en altos puestos. Mujeres con gran sensibilidad, intuición, responsabilidad que saben serenamente evaluar resultados antes de tomar decisiones.
Por supuesto que nada tengo contra los hombres y como Herder pienso y proclamo: no hay cosa que demuestre mejor el carácter de un hombre o de un pueblo que la manera como tratan a las mujeres.
Y es que todos, hombres y mujeres, somos imprescindibles porque, si bien no podremos cambiar la dirección del viento, sí podremos juntos poner a punto nuestras velas para navegar hacia ese soñado día llamado futuro de igualdad que ya otea por el horizonte ondeando un preciado rótulo que el viento avienta e iza por el universo: venciste mujer con no dejarte vencer.
* Maestra y escritora

sábado, 16 de agosto de 2008

LUNA LLENA SOBRE LA SIERRA CORDOBESA


AQUEL PEQUEÑO, EL LOQUILLO


RADIOGRAFÍA DE UNAS HORAS


Madrugué aquella mañana. Era la primera de mi estancia en la aldea. Por unos instantes, entre soñolienta y desconcertada, me sentí perdida en aquella contrahecha habitación de vigas carcomidas y recién encaladas, en aquella horrenda cama de olor a fuerte insecticida y en colchones de borra apelmazada y dura.

Me despertó el viento que movía las viejas maderas de una persiana, y me despertó la lluvia que chorreaba de los canalones en una palangana.

De repente, despabilé. Un reloj daba siete largas y sonoras campanadas, y mis pensamientos revivieron las imágenes vividas en tan cortas horas en aquel lugar casi perdido de los mapas.

Sí, aquella aldea era mi primer destino. Había llegado por la noche en el coche grande, la catalana, que levanta polvo por los caminos, que, al atravesar pueblos y aldeas, va siendo festiva en noticias, paquetes, viajeros...

Y la gente, cada tarde, a la puesta del sol, aseada, con olor a jabón verde y a colonias baratas, acude a la parada, y son minutos de encuentros, de comentarios, saludos, despedidas...

Me quedé dormida de madrugada. Por mi ventana entreabierta se colaba un cielo cubierto de nubes y la luz pobre de una bombilla callejera.

Y en el silencio, pasos fantasmagóricos, cantos de grillos y algún que otro perro aullando por los campos.

Me vestí de prisa, apenas escuché el primer toque, largo y perezoso, de Misa. Era, al fin, como el primer reclamo de vida que percibía tras aquella noche desapacible y misteriosa.

Llovía, cuando salí a la calle. Una bruma pegajosa envolvía las cuatro casas, chimeneas humeantes, con olor a pan caliente, que eran la aldea. Anduve por callejuelas solitarias y empedradas. Un perro flacucho estiró sus orejas al verme y, tras husmearme, se alejó con indiferencia.

La vida, no obstante, parecía regresar sin prisas, marcando, eso sí, el íntimo y entrañable valor de cada instante, presente en olores y sonidos que reverberaban el hogareño trajinar de aquel puñado de habitantes.

Al cruzar la calle principal, me detuve en la ventana de un viejo porche. Allí, estático, con la nariz pegada al cristal, había un niño. Al descubrirlo, tuve la impresión de que me había observado, paso a paso, desde que, haciendo piruetas, caminaba entre charcos, piedras y aceras embarradas.

No obstante, al acercarme a la ventana, se mantuvo extático en aquel gesto que resultaba grotesco a través del cristal mojado.

Le tiré un beso, lo saludé agitando la mano, le sonreí, pero aquel pequeño, de ojos inmensos, metido en una sucia y descotada camiseta, era, así lo evidencié desde un primer encuentro, un deficiente mental.

Había dejado de llover. El último toque de Misa apresuraba a piadosas mujeres que, acurrucadas en grandes velos, se dirigían a la iglesia. Al cerrar mi paraguas de vistosos colores, aquel pequeño, extasiado con los hilillos de agua que corrían por debajo de las aceras, levantó sus párpados, más bien amoratados, y encogiéndose de hombros en un gesto de ingenua timidez, me miró y sonrió.

Pasé un año en aquella aldea. A José Antonio, el Loquillo, como familiarmente lo llamaban, jamás lo he podido olvidar, y si Platero, borrico peludo y suave, fue el plateado sueño de un poeta, para mí, aquel niño deficiente, fue siempre el objeto de mi mejor inspiración.

Si el genio crea, el talento explora y el ingenio canta, éste último, en mi narración, viene a ser la canción sublime que la mente enferma de un niño entona, sin apenas notas, a la vida, pero que nos recrea, que nos hace abrir los ojos para ver y captar esos destellos de conocimiento que, perdidos apenas nacer, en la oscuridad de un cerebro inmaduro, son como bengalas fugaces que, no obstante nos deleitan con su colorido, con su lluvia de estrellas.

Mi narración va por ti, Loquillo. Si ser normal es crear, construir y cantar, voy a intentar hacer todo esto, al menos por una vez, pero tú que confundes a las mariposas con pétalos desgajados por el viento, que juegas con las gotas de lluvia como si fueran estrellas rotas, que sabes contar hasta cinco las cabras de la manada de Quico, tú, mi Loquillo, vas a ser mi genio, mi talento y mi canción.

¡Vamos, pequeño! ¡No tengas miedo! Tú no estás en la fe de erratas de la vida, ni eres una tara en el maravilloso concierto de la creación, tú, como el blanco y el negro, como el dulce y el salado... eres la otra cara de la moneda, el gran acierto de la contradicción.
Sonríe, Loquillo. La gente de España es gente de pueblo igualito al tuyo, y saben también de niños que, como tú, serán eternamente felices porque nacieron y morirán eternamente niños.

martes, 12 de agosto de 2008

GORRIONES

¡GORRIONCILLOS que revoloteáis a mi alrededor! Quisiera ser vuestra amiga, y quisiera cogeros, acariciaros, notar en mis manos el cálido palpitar de vuestro minúsculo corazón y, en un instante, devolveros a la libertad.
Pero me huís; lo entiendo. Para vosotros, ¡qué peligroso pajarraco debo parecer! ¡Qué monstruoso espantapájaros! ¿Verdad?
También yo me noto, a veces, rodeada de gigantes de los que huyo, de feos espantapájaros.
¡Ojalá que alguno deseara tan sólo acariciarme para después devolverme intacta a la libertad!
Pero no me fío. Al igual que vosotros, no, no me fío; levanto vuelo, huyo…
Y tú, pobre espantapájaros, ¡quítate la careta que veamos tu verdadero rostro de una vez! Mejor siempre el propio que el ajeno. ¿No ves que así tan sólo espantas a inocentes gorrioncillos? ¡Pobres! ¡Si lo único que quieren es bajar al huerto, y escuchar el sonido fresco de los canalillos de riego! ¡Si lo único que quieren es ver cómo el borriquillo de ojos tapados da vueltas a la noria! ¡Si ellos, eclipsados en el ayer, sueñan desde sus nidos con planteras y riegos, con crepúsculos y Ángelus, con primaveras de azahares, con veranos de jazmines…!
¡Déjalos, tonto espatanpájaros! Si ellos serán siempre el ayer, el hoy, el mañana…

domingo, 10 de agosto de 2008

sábado, 9 de agosto de 2008

POEMA DE UN NIÑO DE DIEZ AÑOS




Rojo del amor,
verde las hojas,
nuestro mundo, una flor
que, poco a poco, se deshoja.

Me gusta mi mundo
pero lo contaminamos.
Lleno de flores, de aire, de agua…
¡Y no lo cuidamos!

Este es mi planeta
sin rumbo, sin veleta.
Pero debemos luchar
para vivir todos en paz.
JAVIER UCEDA AZAÑÓN


viernes, 1 de agosto de 2008

miércoles, 30 de julio de 2008

CON EL CORAZÓN

CON EL CORAZÓN: A SOLEDAD GRANADOS

No sé qué palabras elegir para homenajear con ellas a una mujer que se nos fue cuando ya era presente la primavera en los verdes y cuando mis propósitos de visitarla en su ciudad de residencia Granada, volvían a ser urgencia por sus palabras al teléfono que si bien, como los grandes, trataban de ocultar su grave estado de salud, no escapaban a la evidencia que presentía en ellas.
Se llamaba Soledad Granados y durante años fue mi profesora de matemáticas, y la de muchas alumnas cordobesas, allá en la querida e inolvidable Plaza de la Concha.
Y en esta hora, cuando un día más la vida me llega con el amanecer en mi avenida, no puedo dejar de recordarla porque ella nos distinguió con su más puro afecto, con su más noble y generosa condición de mujer sabia para la cual jamás creció hierba en el camino de su dedicación y fe.
Es por eso que sólo me queda por hacer lo único que sé y puedo: abrir el micro de mi corazón y darle cuerda a estos sentimientos que, como potente voz, la seguirán recordando, imitando, mientras mis alas sigan izando vuelos en los días.
Parafraseando a Miller digo: No se puede ver la rosa en un sótano pero se puede percibir su perfume, y la fragancia de Soledad Granados, águila que voló en grandes alturas, nos impregó a todos los que la conocimos y quedó para siempre prendida en nuestra piel porque el aroma de Soledad tenía nombres: vocación, amor, amistad… que es como una suerte que nos inciensa hasta después de la muerte, porque basta saber que existe, que existió para que en nuestra vida podamos entonar el himno de fe en el ser humano.

lunes, 21 de julio de 2008

VIVIR AL DESNUDO

Hablemos de nudismo
22/07/2008 ISABEL Agüera
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Hay que ver, con los puritanos y religiosos que eran nuestros padres, las fotos tan pornos que hacían, como todo un rito, de nuestros ricos y tiernos bebés! En la mía estoy que me chillo: rollitos, ojitos bizcos, ajetreo de patucos que evidencia cómo alguien del otro lado de la cámara me provocaba un precoz, ajó, ajó.
¡Claro que a mí maldita la gracia que me ha hecho siempre el que mi madre, tan orgullosa de la hermosura de su Pabela, exhibiera la foto como si de una obra de arte se tratara!
No obstante, si bien ya la foto desaparecida, la recuerdo con cierto apego, la añoro, ¡vaya!, dado que lo obsceno de una imagen, lo vergonzoso, no debería depender para nada de más o menos vestidos sino de esos otros ropajes que adheridos a nuestra piel como costra protectora, cuidamos bien de mantener y fomentar porque de perderlos quedaríamos en cueros vivos y con las verdaderas vergüenzas al descubierto. Hipocresía, envidia, dinero, celos, kilos., años...
¡Uy, uy qué mal tener que vivir tirando de tan pesado equipaje! Palabras muy mal cortadas, peor cosidas y tan engañosamente lucidas en las pasarelas de nuestra cotidianidad, prendas que, más bien antes, se nos caen sin remedio y ahí quedamos, con nuestro auténtico al aire.
Soy muy lento para quitarme la ropa --dice una frase anónima-- pero cuando el mar merece la pena, en absoluto me importa lanzarme al agua y mojarme.
Y yo creo que sí vale la pena vivir al desnudo, vivir siendo auténticos, vivir siendo únicos. Vale la pena un lento pero imparable estricti que aleje de nosotros esa pesada carga que es la barbaridad de poses que soportan nuestras espaldas.
¡Ay, qué sería de aquella foto de mi desnudo! Es como un icono que añoro porque más vale las partes pudendas al aire que imaginar un mundo de gente tan revestida de mentiras que cuando vuelven el rostro para encontrarse solo hallan frío y soledad.
* Maestra y escritora

viernes, 11 de julio de 2008

JUBILADOS Y A CALLAR

Jubilados y a callar
08/07/2008 ISABEL Agüera

Cinco cosas me agradaban mucho --dice Santa Cruz -- leña seca para quemar, caballo viejo para cabalgar, vino viejo para beber, amigos ancianos para conversar y libros antiguos para leer.
Sí, yo también, adherida por completo al progreso, a lo nuevo, creo de justicia reivindicar el valor tan sabroso de todo aquello que fue marcado por los años, porque es cierto que se experimenta gran alegría con ambiciosos proyectos, alegría de poder servir para mucho, alegría por el vigor de nuestro cuerpo y la lucidez de nuestra mente, pero hay también, y, sobre todo, la inmensa alegría de servir, aunque solo sea para algo, porque ¡qué triste sería el mundo si todo estuviera terminado, si solo hubiera lugar para cabezas privilegiadas y rascacielos giratorios, si no hubiera ni una sola planta que sembrar, ni una lágrima que enjugar ni una sonrisa que compartir!
Hoy día, a los jubilados en plenitud de la vida se les arrincona, se les arroja oficialmente a la papelera, se les manda callar y solo hay para ellos una mención, un recuerdo, cuando políticamente interesan. Pero la evidencia es la gran lección que todos podemos entender, y los jubilados hoy más que nunca son buena prueba de cuánto puede hacer un hombre, una mujer cuando deja de producir en el sentido económico de la palabra: jubilados estudiando, colaborando en obras sociales, culturales, abuelos y abuelas con responsabilidades, muy superiores a veces a su capacidad física, con respecto a hijos y nietos.
Jubilados prestos a todo y a todos, pero, eso sí, exentos, por su carnet de identidad, de las más variopintas posibilidades. Jubilados, un punto y aparte que ya no interesa, pero a los que yo exhorto a no rendirse: seguimos con manos, luego una pequeña escoba por hacer porque el tiempo no se detiene y si es bueno conocer los nombres de las flores, mucho mejor será esforzarse para crear una flor nueva.
* Profesora y escritora

martes, 1 de julio de 2008

EN LA MIRADA DE LO SNIÑOS...

Cuando murió mi madre, mis hijos tenían cinco y siete años respectivamente.

Al llegar el primer aniversario de su fallecimiento, se me planteó un dilema: ¿los dejaba con la vecina para ir al cementerio o los llevaba conmigo?

Con reparos, razones, y hasta escrúpulos, me decía a mí misma: “El cementerio no es lugar para niños tan pequeños. Pueden impresionarse, traumatizarse, asustarse...”

No obstante, haciendo caso a mi marido, hombre práctico y de grandes y sencillos valores, decidí que me acompañaran.

Y resultó que, cuando más a la expectativa andaba yo, acerca de sus posibles reacciones, ellos, sin dejar de juguetear por los caminillos, al llegar a la calle donde mi madre estaba enterrada, mirando, cuando yo les indiqué el lugar, exclamaron felices:

-¡Que bien está aquí la abuela entre tantas flores y pájaros!
-La abuela no está en el cielo; la abuela está en un jardín. Y como a ella le gustaban tanto las flors...

Después, en casa, mi hija de siete años, dijo:

-Voy a sembrar una maceta para que se la llevemos a la abuela.
Y el pequeño añadió:
-Mamá, ¿cuándo vamos a ir otra vez al jardín de la abuela?


Realmente sorprendida, yo me dije:

En la mirada de los niños/as sólo hay belleza y bondad. Los fantasmas son visiones de los mayores, pero, a fuerza de alimentarlos, logramos que se hagan tan gigantes como para exterminar la ingenuidad de los pequeños,

lunes, 23 de junio de 2008




PALABRAS FANTASMAS

El tema de los fantasmas, aquellos de las sábanas blancas en tiempos de la posguerra que amedrentaban en las noches y que engendraban hijos sin nombre, parecía estar esfumado del escenario de una sociedad democrática, madura y libre en la que las nuevas tecnologías, el progreso en general han ido desbancando mitos para mostrar a rostro descubierto verdades y realidades.
En fin, eso es lo que correspondía pero resulta que aquellos desaparecidos espectros han sido sustituidos por otros que sin máscara alguna y sólo con el poder de los medios se tornan tan fantasmagóricos que amedrantan, no a un pueblo, desmayo de contienda, sino a los ciudadanos por completo que no sólo se tornan eco sino que, como mecanismos robotizados, obran en consecuencia.
Palabras fantasmas, sí, que nos ponen alas y que sin pausa nos lanzan a prevenir y blindarnos de las posibles hecatombes anunciadas. En estos días, las palabras crisis, huelga... ¡para qué contar el pánico desatado! Con respeto me pregunto: ¿pero de qué hablamos?
Nada nuevo los apuros económicos de muchas viudas, de muchos padres de familia, parados o sin parar que con un salario mínimo pasan auténticas calamidades, pero ¿qué pensar en clave de crisis, si echamos una miradita a las Primeras Comuniones, recientemente celebradas? ¿Y a la pasada Feria? Con los precios por las nubes y abarrotada a todas horas. ¿Y el Rocío? ¿Y las terrazas?
¡Claro que han subido las hipotecas, y el petróleo, y la luz y hasta mi maceta de albahaca! Pero ya está bien de fantasmas en mi vida porque la realidad que me rodea, que palpo, es que las palabras van por un camino y los hechos por otro.
¿No será también que anda suelto por medio algún fantasma? No al despilfarro, no al competitivo consumo, pero vivir con la soga al cuello de palabras fantasmas, ¡ni hablar!
* Escritora y profesora

miércoles, 18 de junio de 2008

TURNO DE PADRES



Un año más vacacionamos estás páginas, ventana que nos permite mostrar opiniones, noticias, inquietudes, proyectos, etc. en esta gran aventura que es el educar y que, en breve, será competencia en absoluto de los padres.
En mi nueva obra, ´Buenas ideas para educar a los hijos expongo, de forma sencilla y práctica, infinidad de ideas para una convivencia feliz y constructiva con los hijos, nada más conveniente y necesario para este tiempo de vacaciones.
El mejor legado - Battista - de un padre a sus hijos es un poco de su tiempo cada día. ¡Qué hermosa frase ésta con la que coincido totalmente! ¡Y cómo recuerdo las tardes en las que mi padre, tras terminar su trabajo, nos dedicaba tiempo en sana y relajada convivencia para compartir enseñanzas, historias, educación, en definitiva!
Poco tiempo o ninguno es el que se le dedica, hoy, en exclusiva a los hijos, dado que, por una parte, delegamos -absurda trampa- por completo en los profesores de turno, y por otra, el apretado horario que llevamos nos impide ocuparnos directamente de todo lo concerniente a su educación.
Bueno, pues, más o menos, un mes disponemos para proyectar con ellos actividades que de seguro marcarán huellas en su vida y para siempre. El espléndido calor que reinó sobre mi infancia -Camus- me ha privado de todo resentimiento.
Queridos padres: Programar paseos, lecturas, excursiones, secciones fotográficas, hablar, pero sobre todo promover temas y escuchar, sonsacar opiniones, ir al cine, ver la tele, etc. siempre bajo vuestra atenta mirada, siempre con la mirada puesta en el mismo cielo, pero, eso sí, con diferentes ojos porque en los nuestros puede haber desencanto pero en los de nuestros hijos tan sólo hay ilusiones por estrenar. Colaboremos a que cada estreno sea una fiesta de futuro.

miércoles, 11 de junio de 2008

ALGO DISTINTO




La verdad es que si buscamos lo positivo de lo ordinario, podemos llegar a convivir a gusto con las rutinas que bien llevadas son alimento que, como el pan, necesitamos, simplemente, porque nos hemos habituado a que no falte en nuestra mesa.

Pero, ¡claro!, corremos el peligro de acostumbrarnos tanto a ellas que no percibamos lo singular, lo que deberíamos ver y publicitar a todos los niveles.

Y es que nuestros cinco sentidos han caído en la pereza de no ejercitarse y dejarse llevar por lo que tan cómodamente nos cae de forma gratuita. En parte es cierto que la rutina informativa, por ejemplo, un día y otro, es tan repetitiva, machacante y negativa, que verbalizamos o pensamos: ¡Más de lo mismo!

Sucede, no obstante que, de vez en cuando algo distinto se cuela en esa secuencia diaria de reportes clonados de un día para otro y que terminan por ser encefalograma plano de cara a nuestra vida, río imparable, que debería serlo en crecidas, alimentadas por esos mensajes que resultan subliminales ya que pasan por debajo de nuestra percepción tan dispersa o proyectada en otras direcciones.

Bueno, pues algo distinto, un sencillo gesto me conmovió profundamente en días pasados. Y ¡claro!, dada la inercia a la que me he referido, poco o nada se ha comentado. Fue un instante informativo en televisión, al que de forma anónima ilustró una imagen. Se daba la noticia de cómo tras varios días bajo los escombros en el terremoto de China se rescataba con vida a un medio moribundo bebé. El hecho, auténtico e inexplicable milagro, pero la imagen grabada en mis retinas, tierna, humana, maravillosa… una mujer policía, supongo, lo acunaba en sus brazos y lo amamantaba con la leche de sus pechos.

Aquel gesto y la sonrisa del bebé fue algo tan humano y tan distinto que bien merece categoría de gran noticia: Todavía hay seres humanos por el mundo

lunes, 9 de junio de 2008

sábado, 7 de junio de 2008

lunes, 2 de junio de 2008

ANDALUCÍA EN LAS AULAS


Hace años que todos nos quejamos del poco rendimiento de los alumnos, así como de la indisciplina que campa por sus respetos en los Centros y ante la cual los profesores sufren de impotencia, desilusión y hasta depresión, en una sociedad enfrascada en un debate comparativo acerca de cómo los maestros hoy han perdido autoridad y dignidad. No obstante, desde estas páginas, y coincidiendo con el Día de Andalucía y el Día de la Educación, creo necesario hacer un breve recorrido por la legendaria historia de la educación en nuestra tierra, gran puente entre el ayer y el hoy. El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser desplazados, y precisamente corren tiempos en los que ignoramos o se nos ha olvidado de dónde venimos.

Dicen que los maestros antes teníamos dignidad, pero protagonizábamos el popular dicho de tener más hambre que un maestro escuela. Teníamos dignidad, dicen, pero nuestras aulas, en muchos casos eran cuadras mal habilitadas para dar cabida a sesenta, setenta… alumnos.

Teníamos dignidad, eso dicen, pero hasta los pozos ciegos que hacían de váter, teníamos que limpiar. Hay una frase de José Martí, con respecto a la dignidad, que siempre he hecho mía; Vale más -dice- un minuto de pie que una vida de rodillas. Peor que de rodillas caminábamos en tiempos pasados por pueblos y aldeas de nuestra tierra. Era un subsistir en el caos tremendo que suponían los rigores de una vida sin nada. No obstante inventábamos alas cada día, responsabilidad, dignidad, entonces, sí, ante el escenario de aquellos niños, que hoy calificamos de disciplinados, disciplina que entonces era tan sólo una sumisión despreciable, miedo, ignorancia y mucha pobreza.

De esa “dignidad y disciplina” pasamos, hace ya, en Andalucía a un caminar erguidos por tiempos nuevos, situándonos en un presente en el que al fin, desde mi punto de vista, y me emociona el pensar en ello, el magisterio es, al fin, un cuerpo digno. Sí, grandes y bien dotados Centros Escolares, Profesorado especializado, reducido número de alumnos por aula, Nuevas Tecnologías y un largo etcétera son una innegable realidad a la que cabría añadir un cierto bienestar económico que nos permite legítimos derechos. Pero nuestros alumnos ya no son aquellos pequeños “disciplinados” que como mucho abrían la boca para contestar: servidor de Dios, de usted y de todos los presentes, los alumnos típicos de la educación formal urbana, y quizás también de ciertas áreas rurales, tienen una estructura mental posmoderna, no sistemática, no recipiente de normas, no sumisa a órdenes establecidas... Piensan y se comportan en fragmentos incoherentes, con una lógica de cambio permanente. Es por eso que el rol del profesor no debería ser ya, como hasta ahora, el de depositario del saber, el de portador de la palabra y de la información. La referencia única y jerárquica. Tampoco podrá seguir teniendo como referencia la unidad espacial de las cuatro paredes del aula.

Tendríamos que empezar a perfilar un educador mediador, investigador, facilitador de procesos de aprendizaje, en el que lo esencial sea el sujeto estudiante, sus intereses, sus capacidades, su individualidad, por un lado, y su globalidad, por otro. .Corren, a todos los niveles, tiempos nuevos que exigen soluciones nuevas, pero jamás un maestro debe arrojar las armas porque el escenario de su actuación sigue siendo el futuro que representan sus alumnos, futuro que debemos construir desde una perspepectiva optimista, ilusionada, creativa porque ellos, nuestros alumnos, serán los protagonistas que mañana cogerán el relevo para seguir construyendo una Andalucía en la que los hombre y mujeres “vuelvan a ser lo que fueron…”

Cito para terminar unos versos correspondientes a un poema de Claudio Serra, titulado Caminates de Sueños y que dicen así: Yo quise en el silencio de la altura retener para el futuro un acorde, el rumor del viento por las alamedas, una voz, unas líneas escritas, un pensar. Caminantes de sueños, maestros, hagamos de Andalucía el verdadero Paraíso de Dar es-selam, paraíso al que aspiramos todos los andaluces; éste es el día y la hora..

martes, 27 de mayo de 2008



TRAGARSE LAS LÁGRIMAS

¡Cómo recuerdo las veces que he tenido que tragarme las lágrimas por aquello de que hay que ser fuertes, positivos, resignados y hasta héroes, llegado el caso!

Sí, poco más o menos es lo que a mazo y martillo se nos inculcaba en los ámbitos educativos de otros tiempos.

Muy mala prensa la de las lágrimas que eran consideradas como sinónimo de debilidad, cobardía y, lo que es peor, cosa de mujeres.

La generación de los que hoy ya casi todos somos abuelos, pues eso, ¡que hasta de llorar fuimos privados! Una perragorda que cayera en nuestras manos, ¡chinitos al canto! Un insustancial caramelo, sacrificio por los pecadores, y así suma y sigue que vaya infancia y juventud que vivimos.

Pero resulta que personalmente me elaboré mi índice de trágalas a fin de seleccionar las que fueran realmente constructivas. Y he aquí que solo quedaron algunas. Muy pocas. Entre ellas las lágrimas ocupan un primerísimo lugar, porque el llanto es, ante todo, una expresión del alma, de nuestros sentimientos, de nuestras emociones y puede, muchas veces, ser remedio para curar nuestros peores momentos.

La belleza del ser humano a mí me parece que reside en sus ojos, que son la puerta de entrada y salida al corazón.

Y el corazón llora por razones variopintas. Sin ir más lejos, anoche, viernes, tras la tormenta, y tras el cristal de una ventana, me pegué el lote. Era el asfalto de mi avenida mojado, y eran los semáforos y los faros de los coches reflejados en él, y era la cálida frescura de la noche, y eran los recuerdos, y la inauguración de la feria que me llegaba en fuegos artificiales, y era el mundo, los amigos, el deseo de eternizar aquel momento...

Sí, puede que sea un poco tonta, pero soy el personaje que tengo encomendado cuidar y es por ello que voy y le digo: ¡No te prives; si quieres llorar, llora!, porque una indigestión de lágrimas, ¡uf!

viernes, 23 de mayo de 2008





PADRES LECTORES


Hace unas fechas hemos celebrado el Día Internacional de la Literatura Infantil, y es por eso que no puedo dejar de referirme, una vez más a la importancia de la lectura.
Incontables veces, en Conferencias, Congresos, etc. he insistido en algo altamente sabido: las primeras experiencias de la vida son definitivas para la formación de hábitos, valores y actitudes.
Así, las vivencias que experimentan los niños en estos años respecto al lenguaje y al libro, incidirán de manera definitiva en su formación como futuros lectores.
No obstante, hay que tener claro, y ser muy conscientes de ello, que la lectura no consiste solamente en saber qué dice en determinado texto, sino ante todo el libro debe convertirse para el niño en el gran placer de descubrir el contenido, el valor de las palabras, las respuestas a sus muchas interrogantes, el libro, aún sin que el niño sepa leer, debe ser evocador de belleza y desencadenante de un gran deseo: qué dicen sus páginas.
De ahí que la importancia de la lectura debe empezar en el hogar. Sí, los padres deben convertir el hogar en espacio desde el cual los libros tengan lugar preferente de forma que los niños no sólo los vean como objeto decorativo sino que oigan hablar de ellos, puedan hojearlos, contemplar sus ilustraciones, adivinar sus contenidos e incluso imaginarlos y narrarlos.
Y no basta con mandar leer. Hay que leer con los hijos, compartir sus libros, comentarlos, transcenderlos a la vida real para censurar, aplaudir, opinar, etc. tanto acerca de su contenido como del proceder de sus personajes, etc.
En una retrospección veo a mi padre con el Quijote entre las manos, y a mi madre con Las Mil y unas Noches... Estos fueron mis primeros libros cuando aún sólo sabía deletrear. Seamos padres lectores para que nuestros hijos, libremente, sin mandatos expresos, lo sean.
La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso. Bacon.
Luego la importancia de la lectura merece que empecemos a fraguar hogares donde padres e hijos caminen de cara a los libros. Resultado: hombres, mujeres completos. Un libro me hace libre/ me pone alas /soledades me quita / cárcel me arranca. M. Hernández.