jueves, 2 de octubre de 2014

En el Día de los Mayores


(De mi obra “ El Arte de Envejecer”, editado por la Editorial Almuzara)


Queridos amigos/as mayores y jóvenes: Ayer se celebró el Día Internacional de los mayores. Mi pequeña y sencilla aportación, hoy, a este colectivo que por razones variopintas ha pasado a ser tema de foros, programas, etc.
Un relato para empezar: “El hombre de la eterna juventud”
Un hombre octogenario, petulante y animoso, gustaba rodearse de otros hombres tan ancianos como él, pero de aspecto más decadente y humilde. Entre ellos se sentía joven, docto, querido, deseado... Les hablaba, les contaba historias e incluso les daba consejos para mantenerse en forma e incesantemente les repetía: Miradme a mí –les decía-. Soy poseedor de la eterna juventud. No cuentan los años, sino el hacerse adoquín, el pasar de lo que nos pueda crear preocupaciones y problemas… Sucedió que un día se llegó hasta el grupo un joven. Con desenfado, exclamó: ¡Dios los guarde, abuelos! ¿Podrían decirme la hora? El hombre de la eterna juventud, diligente, fue a sacarse el reloj del bolsillo, cuando éste se le cayó y rompió. El joven se apresuró a recogerlo, al tiempo que decía: Lo siento, abuelo. Por mi culpa... ¡Lo siento de verdad, abuelo! Cuando el joven se alejó, el hombre de la eterna juventud exclamó malhumorado: ¡Poca educación! ¡Poca vergüenza la de estos jóvenes de hoy! ¡Cualquiera se fía de ellos! No saben hablar, no saben vestir, no saben distinguir.. ¿Qué se habrá creído el niñato? -comentaba a sus amigos- Esta juventud no tiene respeto a nada, a nadie y se creen en el derecho de llamar abuelo al que le saca la cabeza ¡No ven más allá de sus narices! Los demás guardaron silencio. Tan sólo uno alzó su débil voz y dijo: ¡Cómo se nota, amigo, que una vez fuiste joven y conservas buena memoria!
Y tras la lectura de este relato, palabras que reconfortan de la Pastoral y de mis propios convencimientos:
No son los pocos años cumplidos los que determinan la juventud en la persona; hay jóvenes prematuramente viejos. En cambio existen personas ya de edad, llenos de entusiasmo y de alegría, todo les llama la atención, siempre se sienten dispuestos a emprender nuevas actividades, les interesan las novedades, los cambios, su personalidad inspira atracción y simpatía, porque siempre están de buen humor.
SENTIRSE JOVEN consiste en ver la vida con optimismo real, saber amar a la gente, descubrir bellezas que hay en la naturaleza, gozar de la inocencia y risas de los niños.
SENTIRSE JOVEN significa soñar con un porvenir, tener ideales, tener siempre algo que hacer, algo que crear, algo que dar de sí mismo.
SENTIRSE JOVEN implica también saber sufrir, pero nunca sentirse derrotado, saber levantarse cuantas veces se fracasa.
SENTIRSE JOVEN es desconocer la ociosidad, forjarse un ideal sublime, nuevo, por el cual valga la pena de seguir luchando, hasta alcanzar la meta deseada.
SENTIRSE JOVEN es saber enfrentarse con los problemas de la vida y resolverlos satisfactoriamente, superar las decepciones, hasta lograr la victoria.
SENTIRSE JOVEN es reconocer los equívocos, no desanimarse nunca a pesar de una derrota dura, levantarse nuevamente para no volver a caer.
SENTIRSE JOVEN es ser prudente, tomando como experiencia las vicisitudes ajenas y encontrar un camino distinto hacia la propia felicidad.
SENTIRSE JOVEN es tener la satisfacción de lograr un ideal por sí mismo y sin perjudicar a los demás, lidiar para conseguir sus más caros anhelos.
SENTIRSE JOVEN es tener la cabeza llena de ideas nuevas que expresar; el corazón lleno de amor, felicidad, paz…
SENTIRSE JOVEN es saber aceptar el paso del tiempo con elegancia, humildad, tolerancia…
En definitiva, para mí, no hay paisaje más bello que el de un mayor de mirada profunda, serena que sabe callar, aceptar y vivir el presente con la ilusión del primer día dejando el futuro para mañana y el pasado para ayer.

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