martes, 14 de octubre de 2014

La buena Educación


DIARIO CÓRDOBA / EDUCACIÓN
ISABEL AGÜERA 15/10/2014
Actualmente, y cada vez más, la enseñanza, la educación en general, persigue como objetivos básicos el conocimiento y la práctica de aquellos aspectos técnicos que se suponen tan necesarios para el futuro de los alumnos, quedando bastante relegada la preocupación por enseñar, transmitir aquello que siempre hemos llamado urbanidad, buena educación e incluso respeto mínimo en todo y para todos. Para algunos educadores se trata de aspectos que limitan la libertad de los niños, aunque realmente producen un efecto profundo en su posterior éxito social. No obstante, muy lejos queda el propósito de hacer de ellos modelos que actúen presionados, sino que adopten ciertas conductas de manera natural, sin perder la espontaneidad propia de su edad. 
Muy lejos queda también para los adultos dicha materia que debería ser asignatura obligatoria para todos, porque basta observar cómo a cualquier nivel se han perdido los buenos modales, considerando como tales incluso actitudes y comportamientos elementales: ser puntual, amable, saludar, pedir la palabra, no interrumpir, dar las gracias, pedir las cosas por favor, ser paciente, disciplinados, etc. etc.
No todo está bien por muy progre que seamos. La urbanidad, la cortesía e incluso el refinamiento no deberían ser valores pasados de moda que con frecuencia descuidamos y hasta despreciamos tachando de cursilería ciertos gestos y necesarios detalles de buena educación. 
No es desenfado y naturalidad el incorporar a nuestro vocabulario una sarta de palabras soeces, ni lo es esa serie de costumbres que se van imponiendo y que, como mínimo, imprimen a la vida cierta nota de vulgaridad que frivoliza todo lo que hacemos. Basta con observarnos a nosotros mismos como modelos que somos para los pequeños y detectar detalles y un sin fin de cotidianidades que deberíamos revestir de cierta solemnidad o, al menos, de respeto y elemental cortesía.

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