martes, 19 de mayo de 2015

Cerca pero no revueltos

DIARIO CÓRDOBA/EDUCACIÓN
20/05/2015
En la vida de los pueblos, de los individuos, siempre hay un momento decisivo en el que la historia comienza o cambia radicalmente. Si nos detenemos un momento y observamos el movimiento de la vida a nuestro alrededor, veremos que es permanente renovación. Nuestro cuerpo ya no es el de ayer; ha habido renovación: muerte, nacimiento. No obstante hay algo en nosotros que se resiste al cambio: nuestra mentalidad acomodada a unos esquemas que la soportan con una facilidad asombrosa basada en la rutina de la cotidianidad. Pero nuestra inercia tiene un nombre preocupante y trascendente: irresponsabilidad.
Hace unos días alguien me comentaba: ¡qué vergüenza y qué pena de jóvenes! Tras un concierto en las Tendillas, el espectáculo era dantesco: niños, de no más de catorce años, fumando, bebiendo… Botellas, papeles, bolsas, etc, por los suelos. Empujones, palabrotas, peleas, ¡ninguna educación!
Efectivamente nuestra reciente historia comenzó ayer y no se repetirá mañana. De ahí que los esquemas educativos tampoco pueden quedar inamovibles y sometidos solo y exclusivamente a los intereses políticos por un lado y a los de familias que se lamentan, sí, pero que llegan tarde al movimiento que puso en órbita los malos hábitos de los hijos.
La educación de hoy pasa por un precoz e ininterrumpido diálogo en el que se prime hablar con ellos al hablar a ellos. Me decía un padre al respecto:  no puedo negarle a mi hija que asista a un concierto al que van todas las amigas, pero yo estaré cerca, aunque no revuelto.
Creo que esa es exactamente la actitud. La educación no puede quedar al margen de la evolución y de los cambios, anatematizando, castigando y prohibiendo. Pasó el tiempo del patriarcado y pasó el tiempo de pensar en las escuelas como edificios y llegó para todos el tiempo de educar en los cambios, cerca, muy cerca de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, muy cerca, sí, pero no revueltos.





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